Lunes 26 de Junio, 2017

La regla fundamental del humanismo es que toda manifestación de vida tiene que ser preservada y que cada uno de los sujetos, lleva dentro de sí la humanidad entera. 

En consecuencia, nada de lo humano puede resultarle extraño, a cada uno de los miembros de la sociedad. El hombre es uno solo y las mismas leyes de la naturaleza son válidas para todos los sujetos y en todos los tiempos.

Spinoza, Goethe y Herder aseguraban que la humanitaet inherente al individuo lleva a este, cada vez a estadios más altos de desarrollo de sus potencialidades; que la finalidad de la vida, era la evolución hacia esa totalidad, pero a través de la individualidad y que la voz de la humanidad, había sido dada a todos y que podía ser comprendida por todos los seres humanos.

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El hombre cambia en el proceso de la historia, porque el hombre es producto de la historia y se transforma a sí mismo a lo largo de su historia llega a ser lo que potencialmente es, pero siempre lleva dentro de sí a la sociedad entera.

La historia es el proceso, por medio del cual el hombre se crea a sí mismo, enfrentando las fuerzas que le rodean, desarrollando en dichos estadios aquellas potencialidades que le son propias al nacer, la totalidad de lo que se llama: historia universal, que es donde este tiene la prueba inequívoca e irrefutable, de su autocreación y de sus orígenes mismos.

En el ítem psíquico, la evolución del hombre acaece dentro el mismo proceso histórico y es parte esencial de la relación del hombre con la naturaleza.      

En los albores de la historia, el hombre dependía por completo de la naturaleza y fue en el desarrollo de esa relación, cuando el hombre aprendió a garantizar toda manifestación de la vida.

En el proceso evolutivo, el ser humano se fue haciendo cada vez más independiente de la naturaleza, la iba gobernando y transformando mediante el proceso del trabajo humano, al grado de que, transformando a la naturaleza, el hombre se transformó a sí mismo.   

El hombre como raza se emancipa lentamente a través del proceso del trabajo y es en ese proceso de separación, cuando desarrolla sus  propias capacidades intelectuales y emocionales y madura, convirtiéndose en un individuo independiente y libre.

Marx decía, que cuando el hombre, haya logrado someter a la Naturaleza, bajo su dominio pleno y racional y cuando en la sociedad hayan terminado todos los antagonismos, la “prehistoria” habrá concluido y una historia auténticamente humana habrá comenzado, en la que los hombres planeen y organicen su intercambio con la naturaleza y esto logre hacer florecer entonces todas las potencialidades humanas, como un fin en sí mismo.

En el sentido más claro, será cuando los individuos lleguen a unirse plenamente con todos sus semejantes y con la naturaleza.

Dicha teoría, abrigaba una que fue inquebrantable en la posibilidad de perfectibilidad y en el progreso del hombre arraigados en la tradición mesiánica de occidente, desde los profetas de la cristiandad, el renacimiento y el pensamiento de la ilustración. Una buena sociedad viene a ser idéntica a una sociedad de hombres buenos.



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