Sábado 29 de Abril, 2017

El historiador Roberto Azaretto nos explica que “En realidad hay antecedentes de presidentes de los EE.UU. que fueron considerados populistas. El primero, el abogado y general de milicias Andrew Jackson, que frustró la reelección de John Quincy Adams, hijo de uno de los “Padres Fundadores” de esa nación”.

Mientras que el periódico The Guardian publicó un artículo en enero pasado que decía, entre otras cosas, que “Los presidentes estadounidenses más exitosos, desde Franklin D Roosevelt a Reagan hasta Bill Clinton, han sido populistas hasta cierto punto. Pero los líderes de ambos partidos también han sido cautelosos de la tendencia del populismo a caer en demagogia”.

El 30 de junio de 2016, aún presidente de EE.UU., Barack Obama se declaró populista porque luchaba por la justicia social, “Me preocupo por la gente pobre, que está trabajando muy fuerte y no tiene la oportunidad de avanzar. Y me preocupo por los trabajadores, que sean capaces de tener una voz colectiva en su lugar de trabajo… quiero estar seguro de que los niños están recibiendo una educación decente… y creo que tenemos que tener un sistema de impuestos que sea justo”, expresó Obama. “Supongo que eso me hace un populista”, agregó el entonces mandatario estadounidense.

En España, el periódico El País publicó recientemente un artículo de Héctor E. Schamis, Consejero Académico del Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal) y profesor en el Centro de Estudios Latinoamericanos y en el programa “Democracy & Governance” de la Universidad de Georgetown. El escrito titulado: “Trump y el populismo latinoamericano, Una analogía que solo genera confusión”.

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Explica entre otras cosas que “Más que populismo latinoamericano, Trump expresa los viejos temas de la "presidencia imperial", esa institución muy americana y siempre propensa a rebasar sus límites constitucionales. Quienes ven a Perón y Chávez en Trump, consecuentemente también deberían verlos en Roosevelt, quien se quedó cuatro periodos consecutivos en el poder.

O habría que ver ese mismo populismo en George W. Bush, quien libró dos guerras por medio de una virtual abdicación del Congreso al concederle autonomía para hacerlo. O en Obama, quien desde 2014 en minoría, no obstante, escogió legislar mediante decretos ejecutivos”.

Pero ¿qué entendemos cómo populismo? El diccionario de la Real Academia Española define la palabra populismo como la tendencia política que pretende atraerse a las clases populares. Otra definición dice: Tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo

El escritor y periodista cubano Carlos Alberto Montaner escribió sobre el tema un artículo que tituló: ¿Estamos en presencia de un gobierno populista? En el escrito nos menciona lo que para él son los 11 rasgos definitorios de un gobierno populista que aquí resumimos:

1.- Anti elitismo: se culpa a la élite política, económica, o simplemente urbana.
2.-El exclusivismo: solo “nosotros” (quienes detentan el poder) somos los auténticos representantes del pueblo.
3.- El caudillismo: se cultiva el aprecio por un líder que es el gran intérprete de la voluntad popular. (Hitler, Mussolini, Perón, Fidel Castro, Juan Velasco Alvarado, Hugo Chávez).
4.- El adanismo: (por Adán) la historia comienza con ellos. El pasado es una sucesión de fracasos.
5.- El nacionalismo: una nefasta creencia en la propia superioridad que conduce al proteccionismo o a dos reacciones aparentemente contrarias.
6.- El estatismo: o la acción planificada del Estado, y nunca el crecimiento espontáneo y libre de la sociedad y sus emprendedores.
7.- El clientelismo: concebido para generar millones de estómagos agradecidos que le deben todo al gobernante que les da de comer y acaban por constituir su base de apoyo.
8.- La centralización de todos los poderes. El caudillo o la cúpula dominante controla el sistema judicial y el legislativo.
9.- El control y manipulación de los agentes económicos, comenzando por el banco nacional o de emisión, que se vuelve una máquina de imprimir billetes al enloquecido dictado del Ejecutivo.
10.- El doble lenguaje. La semántica se transforma en un campo de batalla y las palabras adquieren una significación diferente. “Libertad” se convierte en obediencia, “lealtad” en sumisión.
11.- La desaparición de cualquier vestigio de cordialidad cívica asociado a la tolerancia y la diversidad. Se utiliza un lenguaje de odio que preludia la agresión.

Ahora que muchos analistas políticos y periodistas se refieren al presidente de EE.UU. como populista, sería interesante hacer el ejercicio que recomienda Montaner en su artículo con el gobierno de Trump, pues nos parece exagerado definir a su gobierno como populista, una cosa es que una persona sea populista y otra muy distinta que su gobierno lo sea. En este caso no califica por la institucionalidad que aún existe en ese país.



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