Jueves 23 de Marzo, 2017

La Doctrina Social de la Iglesia (en adelante DSI) es un conjunto coherente y sistematizado de ideas, principios y de directrices de carácter teológico, social y moral, cuya finalidad es orientar la conducta de sus feligreses en la sociedad actual para el logro de un desarrollo humano más justo, digno e igualitario.

Se sustenta en la fe y la revelación de la Palabra de Dios (La Biblia) escrita en hebreo (casi todo el Antiguo Testamento), en arameo algunos fragmentos del AT y el libro de Mateo en su original, griego koiné el Nuevo Testamento, así como en la tradición formal de catolicismo y diversos documentos oficiales de la Iglesia.

Por lo tanto, la DSI es cristiana. Es ortodoxa y referenciada a la inspiración divina de los textos sagrados, pero escrita por hombres de carne y hueso. Igual que el capítulo 3 de segunda Timoteo, la doctrina de la Iglesia es útil para enseñar, redargüir, corregir, instruir en justicia a fin de que los creyentes sean piadosos y practicantes de buenas obras y amor al prójimo.

Acepta en sus fundamentos la inerrancia bíblica y la veracidad de las enseñanzas de Jesús. Reconoce que la moral más que pertenecer a un orden jurídico se descubre en los valores de la conciencia y el espíritu humano. Asimismo admite el sentido dinámico de la “cuestión” social y sus exhortaciones de conformidad al signo de los tiempos.

La DSI no es un ideario político ni una carta ideológica. Tampoco un instrumento metodológico de interpretación de la realidad. Sus análisis y juicios poseen la totalidad propia de una Iglesia universal. Por su naturaleza se aleja de ser percibida como un programa de acción política. Sin embargo, sus raíces y savia alimenta filosofías de carácter político partidario, como es el caso del pensamiento socialcristiano.

Sin duda alguna se distinguen diez principios básicos existentes en los contenidos de la DSI: El Humanismo Cristiano, el Bien Común, la Solidaridad Humana, la Participación, el Pluralismo Político, la Justicia Social, la Subsidiariedad, la Preeminencia de la Democracia, la afirmación de la Familia y el Respeto a la Naturaleza.

Cada uno de ellos se ha explicitado con suficiente atención por las autoridades de la Iglesia Católica a fin de no permanecer al margen de una “Weltanschauung” (visión del mundo) de los diversos y variados campos de la vida política, socioeconómica, cultural, educativa, energética y ambiental.

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Cada cultura, cada pueblo, cada nación, cada época tiene una visión del mundo alimentada por paradigmas o patrones de creencias, que como se sabe, pueden modificarse en sucesivas transiciones con el desarrollo histórico de las ciencias que maduran a pasos agigantados. El paradigma positivista de Auguste Comte (1798-1857), creador de la sociología, casi se “invisibiliza” frente al paradigma dialéctico de nuestra realidad virtual de nuestros días.

Basado en lo anterior la DSI asume su responsabilidad histórica como “Madre y Maestra” (Mater e Magistra) en una dimensión mundial. Por eso, la Iglesia siempre se dirige, entre otros hermanos, a todos los sacerdotes y fieles del orbe católico, incluyendo a todos los hombres de buena voluntad que quieran estudiarla.

En síntesis, la DSI más allá del orden sobrenatural “se preocupa con solicitud de las exigencias del vivir diario de los hombres, no sólo en cuanto al sustento y sus condiciones de vida, sino también de la prosperidad de la sociedad universal… y al ritmo de las renovadas circunstancias…” (M/M, Introducción, 3).

Desde la primera encíclica social (Rerum Novarum) promulgada por el Papa León XIII el 15 de mayo de 1891, la Iglesia Católica ha dejado claro su apoyo a la libertad, la democracia, la justicia y a la dignidad del ser humano desde el momento de su concepción. En palabras de Jorge Bergoglio (Papa Francisco) el mensaje social de la Iglesia procura iluminar el camino social de sus feligreses en el entendido que “Ni el Papa ni la Iglesia tienen el monopolio en la interpretación de la realidad social o en la propuesta de soluciones para los problemas contemporáneos”. (Evangelii Gaudium).

Para terminar: el Cristo social del Gólgota se descubre en el rostro sufriente de un anciano que abandonado por sus semejantes muere de frío en el sucio tugurio de un precario. Por eso, la luz del evangelio y de la DSI exige el talante de una acción política humanista que derrote la arrogancia de la insolidaridad, la explotación y la desigualdad.



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