Lunes 29 de Mayo, 2017

Hechos como la reciente balacera en Escazú frente al colegio privado Mount View en Escazú que dejaron dos muertos y un niño herido no dejan duda de que criminales organizados se han introducido en nuestro país.

Independiente de cuántos grupos mafiosos existan en nuestro territorio y cuál sea su origen, es un hecho lamentable que los crímenes en Costa Rica hayan aumentado en este Gobierno, lo que indica que se bajó la guardia en este campo, en el 2016 la cifra de muertes llegaron a casi 600 personas y en este año 2017 ya se contabilizan más de 200 homicidios dolosos, esto lo confirmó el director del OIJ, Walter Espinoza, quién resaltó que todo ello “es producto en su mayoría de crimen organizado: drogas, armas, tráfico de personas y lavado de dinero”.

Si bien es cierto Costa Rica todavía no muestra índices tan altos como otros países (11,8 muertos por cada 100 mil habitantes) como Venezuela donde por cada 100 mil habitantes hay 91,8 muertos, las alarmas en rojo deben prenderse, según la OMS, 10 muertos por cada 100 mil habitantes es una epidemia, así las cosas, es hora de exigirle al Gobierno más efectividad para prevenir que criminales indeseables entren al país.

Ya lo dijo el diputado Otto Guevara Guth en su muro de Facebook el mismo día de ocurridos los hechos: “Nuestras fronteras deben tener la capacidad tecnológica para identificar e impedir el ingreso de extranjeros buscados por la justicia de otros países o con graves antecedentes judiciales”.

Por todo esto, no nos extraña que desde hace años se mencione a Costa Rica como un paraíso para capos y maleantes de otros países en películas producidas en Hollywood. Fallamos doblemente, primero en las fronteras con la entrada de individuos indeseables y segundo porque no se actúa de forma más drástica cuando se empieza a sospechar de las actividades de estos personajes.

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No se entiende cómo las autoridades son tan complacientes con tipos como los involucrados en estos asesinatos y del por qué las autoridades permiten la entrada de delincuentes de esta calaña a Costa Rica, ¿acaso el Gobierno no puede -por sospechas bien fundadas- expulsar a individuos non gratos? ¿No es mejor prevenir sucesos que se saben van a ocurrir con hombres que andan armados hasta los dientes y que muestran costumbres que los costarricenses no tienen?

El sentido común le dice a cualquier persona que cosas fuera de lo normal suceden alrededor nuestro, por ejemplo, identificar quiénes andan y poseen vehículos deportivos u otros que son caros es facilísimo, es cuestión de solicitar los nombres de quienes han adquirido los vehículos más caros en las agencias que se dedican a ese negocio e identificarlas, en Costa Rica se sabe quiénes son las personas o familias que tienen recursos para ello.

Pero existen además otros signos externos fáciles de identificar, cualquier individuo que se muestre ostentoso, que entre a un restaurante con guaruras, que despilfarre el dinero de forma abierta en público, que ande con mujeres hermosas y que se acompañe con un grupo de guardaespaldas armados lo dice todo. Esto sin olvidarnos de mencionar las cuentas en los bancos y los gastos que hacen con las tarjetas de crédito.

Bien lo expone el Editorial del Diario Extra del 16 de mayo de 2017, cuando dice, entre otras cosas, que “En Costa Rica han surgido un montón de nuevos millonetas y aunque la ley los conoce, pues salen a la luz pública con autos de lujo y mansiones, parece incomprensible que nadie los investigue”. Y se pregunta: ¿Cómo es posible que estas personas fallecidas en la balacera frente al colegio estaban desde hace más de un año en la mira de las autoridades y al menos uno con amplio expediente, detenido hace un par de días con un arsenal? ¿Qué pasó? Los jueces a cargo los dejan libres mientras avanza la causa… Se levantan negocios de la nada, los bancos han reportado casos por lavado de dinero de conocidos comerciantes y tampoco hay resultados judiciales. 



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Comentarios

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Adrian G. Paris B. (18/05/2017)

Querido amigo porqué me preguntas eso a mí si la respuesta está en tus manos: Por amor no es y ¡ por dinero quizás!