Martes 19 de Setiembre, 2017

Procesos de elección interna de partidos políticos abiertos: ¿democracia real o de fachada?

19 de mayo, 2017

Sergio Araya

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A propósito de los procesos electorales internos de dos de los partidos políticos más longevos del país, donde, a diferencia de otras fuerzas, se somete a escrutinio popular la conformación de sus estructuras de dirección, así como la selección de su aspirante al máximo cargo de elección, como lo es la Presidencia de la República, surge una reflexión en torno a su conexión con el sistema democrático que les sirve de alero.

Sus voceros institucionales, así como sus diversos liderazgos, ensalzan la naturaleza y alcance de dichas justas, catalogándolas de participativas, inclusivas y coadyuvantes en el proceso de fortalecimiento de la democracia, tanto interna, como del país.

Aplauden la opción de que personas sin distingo de adherencia partidaria definida puedan intervenir en tales escogencias y cuestionan a sus contendores por centralizar en pocas manos la selección de tales cuadros.

En el caso del Partido Unidad Social Cristiana, se adiciona a esta gama de procesos autodenominados “democráticos”, la conformación de sus siete papeletas de candidaturas a la Asamblea Legislativa, resaltando el papel protagónico de sus instancias de representación legal de alcance provincial, en la configuración de estas.

Empero, detrás de todo lo que brilla, no necesariamente hay oro.

Más allá de que la legislación electoral nacional establece con rigor, que los procesos internos de las agrupaciones políticas son competencia de sus respectivas membresías, tal y como lo señala sin ambages el artículo 53 en su inciso b) del Código Electoral, es también cierto lo contemplado en la citada normativa, en relación con el compromiso adquirido por los partidos de dar auténtico cumplimiento a los principios y valores sustentadores del Estado Democrático de Derecho, a saber: respeto al ordenamiento jurídico y a los principios de igualdad, de libre participación de su membresía y demás fundamentos democráticos.

Ahora bien, ¿basta el formato escogido por estos dos partidos, amparados en la libre autorregulación también contemplada en el estatuto jurídico, para garantizar que tales principios efectivamente están siendo llevados a la práctica concreta?

¿Son estos procesos internos expresiones genuinas de dinámicas internas signadas por una práctica democrática real, casi testimonial, donde cada persona es protagonista real de un proceso político conjunto en permanente construcción?

O, por el contrario, ¿son tan solo fachadas con rasgos democráticos, de usos y costumbres propios de una cultura política añeja, caracterizada más bien por promover la instrumentalización de la participación de la membresía, como vehículo legitimador de intereses de grupos de poder elitistas? ¿Detrás de esa aparente democratización interna, más bien se prohíjan agendas políticas de actores políticos y sociales específicos, que requieren ser blindadas desde una suerte de basamento social, aportada por la movilización de actores sociales ajenos a su círculo?

La línea entre ambas dimensiones opuestas parece ser muy sutil y fácilmente traspasable.

En la búsqueda de respuestas a estas y otras interrogantes, conviene destacar algunos elementos observados en los procesos de ambos colectivos partidistas.

1. Simultaneidad de procesos electorales de naturaleza distinta

Tanto el día 2 de abril como en el 4 de junio, la ciudadanía es convocada a participar en procesos eleccionarios de diferente carácter, alcance y efecto.

Sin entrar a detallar aspectos puntuales, se trata de dos grandes tipos de proceso. Uno de ellos compete a la renovación de la estructura interna de conducción partidaria y el otro a la selección de un representante a un cargo de elección popular.

Así, en forma coincidente, quienes acuden a las urnas eligen a un candidato a la Presidencia de un partido político y a quienes forman parte de un entramado interno, usualmente complicado, donde se entremezclan órganos de representación legal y entes autónomos de cada agrupación.

Procesos, cuya naturaleza, fines y ámbito de acción distintos, justificaría de entrada su desarrollo de manera totalmente separada, incluso en momentos temporales y con lógicas de movilización electoral diferentes.

Del proceso ya ejecutado por parte del Partido Liberación Nacional, se apreciaron problemas acaecidos con su gestión conjunta, tal y como fue planteado con absoluta claridad por su propio Tribunal Electoral Interno, al reconocer la comisión de posibles irregularidades y la detección de inconsistencias debidamente documentadas, específicamente en los procesos ligados a la renovación interna de sus órganos de conducción, tanto de orden legal como de acción política.

Será para la Unidad Social Cristiana un desafío de similar condición, dada la multiplicidad de elecciones previstas para el primer domingo de junio.

En lo inmediato, ha sido un elemento de discordia en lo concerniente a la aplicación del mecanismo de paridad horizontal exigido por el Tribunal Supremo de Elecciones para la conformación de las listas de candidaturas al Parlamento, toda vez que existe la confusión de si tal norma debe estar debidamente definida antes de la puesta en marcha de los procesos internos del partido ese domingo, o si la misma, puede ser establecida de previo al momento en que los órganos internos de representación legal debidamente consignados para integrar las respectivas papeletas diputadiles, procedan de conformidad.

2. Imprecisión en torno a naturaleza, competencias y alcances de puestos internos en disputa

Con la excepción manifiesta del proceso orientado a la elección de quien les representará en la justa por la Presidencia de la República, los partidos analizados muestran vacíos en la proyección mediática de los restantes procesos comiciales internos realizados en conjunto con aquel.

Esta situación afecta la plena conciencia de lo que se está definiendo con la emisión del voto, toda vez que es desconocido para muchos de los que acuden a las urnas cuál es el verdadero sentido e impacto de su escogencia.

Aunado a que, como fue evidenciado en las elecciones del Partido Liberación Nacional, un segmento de sus votantes fueron sorprendidos con la multiplicidad de procesos electorales desarrollados en un mismo acto.

La diferencia entre los sufragios registrados por el Tribunal Electoral Interno para la designación del Candidato Presidencial y los alcanzados en los restantes procesos, en buena medida se explica por esa ausencia de claridad en torno a lo que se estaba llevando a cabo al amparo de la contienda.

Empero, si ya es cuestionable la movilización de electores bajo estas circunstancias, lo es más que aquellos que aspiran a ejercer cargos al interior de la respectiva agrupación, promuevan sus candidaturas con planteamientos inexactos que no se ajustan a la realidad del ámbito del puesto cuyo ejercicio se disputa.

Tanto en la propaganda emitida por operadores políticos del Partido Liberación Nacional, como por parte del Partido Unidad Social Cristiana, se omite señalar lo que realmente está en juego en tales comicios internos.

Se trata de la renovación de las instancias de representación legal y de órganos internos que cada partido ha adicionado a su estructura, en el marco del principio de la autorregulación antes referida. Punto.

En ambos casos lo que se elige mediante el sufragio ciudadano movilizado, son las 81 Asambleas Cantonales y la representación de los frentes, movimientos y sectores que cada agrupación decide establecer en su estructura e integrar mediante esta vía.

No se trata en consecuencia de la elección de un candidato a una curul legislativa ni de la definición de quienes, en representación de sectores específicos de la sociedad, serán los responsables de canalizar en las esferas de la institucionalidad pública del país, sus intereses programáticos concretos.

Si bien, indirectamente el proceso de renovación conduce a la conformación de las papeletas legislativas, en la práctica esa es una etapa posterior y no necesariamente atribuible a quienes resulten electos en las justas internas citadas.
Ni los dirigentes liberacionistas seleccionados el 2 de abril, ni los de su par socialcristiano, a ser electos el 4 de junio, tendrán sobre sí la responsabilidad directa de la escogencia de tales candidaturas.

3. Despersonalización del cargo: la reducción a un número

La poca claridad sobre lo que realmente se elige en esos comicios internos, se agrava con lo que el suscrito denomina como la despersonalización del cargo y su sujeción a un número.

Es usual en este tipo de proceso observar que las papeletas, entiéndase las y los candidatos, son identificados con la asignación de un número, el cual además debe ser consignado en la respectiva papeleta por quien emite el voto.

En pocas palabras, la persona no marca un signo bajo una cara específica o al menos por una bandera determinada, sino que debe apuntar el número de la papeleta que desea respaldar.

Lea: El informe anual presidencial: ¿para qué?

Es entonces una acción política reducida a la confrontación de números que dicen poco y ocultan mucho.

En ese escenario, cómo podría el votante dar seguimiento a lo actuado por quienes ha electo o pedir cuentan de su actuar. ¿Emplazará a la “3” o a la “14”? Evidentemente tal situación es totalmente absurda.

Por lo antes señalado, parece entonces recobrar fuerza lo expresado al inicio. No todo lo que brilla es oro.

En nombre de la democracia y la participación, pueden darse acciones que, lejos de fortalecerlas, las empobrecen, desvirtúan y terminan socavándolas.

Es hora entonces de poner barbas en remojo y apostar por la promoción de auténticos procesos democráticos, donde la ciudadanía sea protagonista, no mero andamio en la construcción de plataformas políticas que responden a agendas de sectores de poder consolidados, que no necesariamente coinciden con sus legítimos fines y expectativas.

La dignidad de cada persona y la solidez del sistema político democrático costarricense bien valen el esfuerzo por migrar a escenarios de participación ciudadana reales y efectivos.



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