Lunes 11 de Diciembre, 2017

Lo que dices realmente cuando gritas…

12 de agosto, 2017

Paula García

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Para la Real Academia española, gritar en latín significa “dar grandes voces” o levantar la voz más de lo acostumbrado, pero ¿qué significan los gritos?, ¿se lo ha preguntado alguna vez?

Desde épocas de la prehistoria, los seres humanos han gritado como medida de emergencia, es un recurso que se usaba para avisar de peligros, para dar señales, para pedir ayuda, para anunciar de un ataque. Quizá sea por eso que tiene esa connotación bélica el gritar.

Sin embargo, seguimos hasta aquí sin comprender por qué gritar. Sencillo, gritamos porque se da un desborde emocional, donde la necesidad se intensifica a tal punto que se manifiesta por medio de una acción de alto impacto.

Esto implicaría decir que cada vez que gritamos estamos diciendo que perdimos el control de la situación que en un contexto justificado, por ejemplo, un asalto, una emergencia médica o algo que implique alertar un riesgo de vida o muerte es válido, pero aún en estos casos no se desmiente lo anterior.

En ese caso ¿para qué gritar?, porque lo irónico es que socialmente se lee que quien grita tiene poder cuando en realidad está declarando a los cuatro vientos que no puede controlar sus emociones, que se desbordan y no tiene autocontrol de sí mismo (-a).

Entonces, pregunto algo todavía más extraño ¿para qué le gritas a tu (-s) hijo (-a)?, porque el mensaje oculto es que no tienes el control, y los niños que aún no pierden su capacidad de leer el cuerpo y las expresiones faciales comprenden y, por eso, no hacen caso.

Inconscientemente, a los niños (-as) cuando les gritan de forma reiterativa optan por entender claramente el mensaje real de lo que se les dice cuando se les grita es: “No tengo la más mínima idea de que hacer, perdí el control, vos ganas”.

Lea: Cada quien en su campo…

Gritar por gritar o para dar una orden o manifestar mi enojo es muestra de que me falta mucho por aprender a comunicarme asertivamente, sobre todo porque se convierte en un hábito de muy mal gusto.

No se trata de juzgar, pues muchos gritan porque fue el recurso que encontraron para poder ser vistos, sobrevivir o ser escuchados en sus familias o grupos durante la infancia, pero esto no tiene por qué ser la excusa para hacer de cualquier situación difícil de manejar emocionalmente la razón para sacar mi dolor por medio de gritos.

En los niños (-as) y adolescentes, gritar eleva los niveles de ansiedad, agresividad y disminuye la capacidad de concentración, disminuyen la autoestima y eleva la posibilidad de que en edades adultas sean muy nerviosos, además disminuye la capacidad de asumir órdenes con rapidez.

Por eso si usted es de los que andan con un megáfono incorporado recuerde que de gratis está generándose un entorno tóxico porque por una cuestión social salvo algunas culturas gritar es decir que está usted a la defensiva, y si hay niños (-as) en casa les está haciendo un daño que marca de por vida.

Si lo que le hace gritar es que su niño (-a) no hace caso. entonces aprenda a respirar profundo antes de decir cualquier cosa al pequeño/a y piense “es él (ella), él (ella) me necesita y yo soy su modelo y luego diga lo que tenga que decir despacio y modulando la voz y verá la diferencia y como el niño (-a) hace caso”.

Si es de los que gritan porque cuando pelea con su pareja, familia o amigos (-as) y no logra contenerse entonces, respire profundo, aprenda a conocer su cuerpo, cuando se empieza a sentir enojado o reacciones fisiológicas y antes de abrir la boca pregúntese a usted mismo ¿yo merezco mostrarle a esta persona que yo no tengo control de mí mismo y que ya ganó esta discusión? Y le aseguro que muy probablemente todo mejorará.



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