Viernes 20 de Octubre, 2017

La crisis económica e institucional que vive Costa Rica obliga a vender empresas estatales

11 de octubre, 2017

Carlos Vilchez Navamuel

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Hace más de 22 años, el 15 de julio de 1995, el titular de un editorial de un periódico nacional decía: Privatizar con estrategia, se refería en ese momento (1995) a que era el turno de vender la Fábrica Nacional de Licores (Fanal) después de que se privatizaran las empresas subsidiarias de Codesa, Fertica y Cempasa.

Han pasado más de dos décadas, más de cinco Gobiernos y la idea de vender o privatizar Fanal aún no prospera. Sin embargo, debemos estar claros, las circunstancias cambian, el país hoy día se encuentra en una situación muy diferente, existe una crisis fiscal muy complicada y si no se toman medidas drásticas, muy pronto podríamos caer en una crisis similar a la de Grecia, que en su momento se vio obligada a vender empresas estatales y a reducir el Estado porque gastaba más de lo que podía.

Hay dos formas de corregir la crisis económica, una es la que pretenden los que siguen las ideas "socialistoides", imponiendo más impuestos y con ello continuaríamos con rumbo al despeñadero, otra la que pensamos algunos de nosotros, nos referimos a la de reducir los gastos y sanear la economía, quienes piensen que la actual situación se soluciona con impuestos están equivocados, existen otras formas inteligentes para solucionar esta crisis, está claro que el pueblo, los comerciantes, los industriales, los agricultores, exportadores y todo el aparato social y productivo no quiere más impuestos.

El problema que tenemos es el modelo estatista, donde el gasto no se contiene sino que algunos gobernantes de turno -como el actual- de forma irresponsable lo han aumentado violando la legislación, estos políticos conocen bien la Ley de la Administración Financiera de la República y Presupuestos Públicos N.º 8131 que en su Artículo 6°  dice, sobre el Financiamiento de gastos corrientes, que “Para los efectos de una adecuada gestión financiera, no podrán financiarse gastos corrientes con ingresos de capital”. Así de claro, y precisamente por esa razón los gobernantes que no cumplen la ley deberían de ser sancionados o destituidos. Lea: Camino recorrido para la igualdad

El economista Jorge Corrales Quesada explica en un artículo publicado en su muro de Facebook que "Mientras que en el 2008 los impuestos financiaban el 70 % de todos los gastos del Gobierno Central, ya en el 2017 solo alcanzaban para financiar el 50 %, siendo necesariamente cubierta la diferencia por medio del endeudamiento (una emisión en exceso del Banco Central para que lo gaste el gobierno también podría llenar, por un tiempo, el hueco en el Gobierno Central)".

El mismo periódico arriba mencionado publicó un artículo el 14 de agosto de 2017 titulado "De Arias a Solís: Cómo Costa Rica disparó sus gastos en un 83 % sin tener el dinero para pagarlos". La nota nos explica que “En el año 2008, el Presupuesto Nacional era de ¢4,8 billones y los ingresos ascendían a ¢3,4 billones. Los impuestos cobrados por el Gobierno a los contribuyentes alcanzaban para pagar el 70 % de los gastos. El resto se cubría pidiendo dinero prestado.

Diez presupuestos después, el Gobierno aumentó su presupuesto a ¢8,9 billones, pero solo dispone de ¢4,9 billones provenientes de tributos. O sea, ahora la cobija alcanza para cubrir únicamente el 50 % del cuerpo, lo que obliga a pedir más dinero prestado”. La misma fuente se pregunta más adelante ¿Cómo el Gobierno Costa Rica aumentó sus gastos en un 83 % en diez años mientras los ingresos solo subieron en un 42 %?

Según estimaciones del Banco Central de Costa Rica, el déficit fiscal alcanza ya el 6,1 % con respecto al PIB en 2017 y llegará a 6,6 % en 2018.  No se necesita ser economista para contestar la pregunta anterior, por supuesto que hay muchas respuestas, pero un ciudadano común y silvestre como el que escribe este comentario entiende que si usted en lugar de reducir gastos los aumenta y además de ello pide prestado para mantener un sistema burocrático que crece de tamaño de Administración en Administración, que es voraz, inflexible que recibe pluses y beneficios desmedidos, con sueldos del primer mundo y pensiones altísimas, sin haber aportado lo requerido para recibirlas.

Lea: Camino recorrido para la igualdad

Y si a todo esto le añadimos la crisis de institucionalidad que estamos padeciendo, los casos de la “trocha” y ahora el del “cementazo” para mencionar los más sonados, así como otros negocios turbios en instituciones como Conavi con puentes y carreteras que tardan años en hacerse, o el ICE y su combo de proyectos que duplican a veces el costo original de los mismos, más pronto que tarde estaremos gobernados por un grupo de mafiosos al estilo del actual Gobierno venezolano, bien lo expresó don Eli Feinzaig en su artículo titulado “La institucional en entredicho” donde entre otras cosas dice "La institucionalidad está podrida, y si algo demostró 'el gobierno del cambio' es que no basta con cambiar a las personas. Hay que cambiar las reglas del juego. Nada ganaríamos mandando a la cárcel a medio establishment político y empresarial, si quienes los sustituyen se ven constreñidos por el diseño institucional defectuoso que nos ha traído al presente".

Como podemos observar, tanto la crisis económica como la institucional se deben al modelo que tenemos, no se necesita ser brillante para comprender que las mismas recetas traen mismos resultados, es hora de cambiar, necesitamos un Estado pequeño y eficiente, reducir los gastos y bajar los impuestos, Estonia y Nueva Zelanda son dos ejemplos por seguir.

Vender y privatizar las empresas estatales ahora que valen algo sería la medida más inteligente que se puede llevar a cabo, además de reducir el Estado de forma inmediata, se obtiene dinero fresco sin endeudarse y con ello evitaríamos mayor corrupción.



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