Sábado 25 de Noviembre, 2017

La campaña electoral es más que el Cementazo

10 de noviembre, 2017

Sergio Araya Alvarado

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A propósito del tema que ha monopolizado la atención de la opinión pública y publicada en las últimas semanas y que popularmente es conocido como el “Escándalo del Cementazo”, huelga plantear algunas reflexiones, en el marco del proceso electoral oficialmente  iniciado un mes y pocos días atrás.

Coincidentemente con el arranque de la campaña el pasado 4 de octubre, se profundizó la atención mediática y virtual en torno a la dinámica reproducida en dicha temática.

Pese a que distintos estudios de opinión, señalan como objeto de preocupación ciudadana tópicos ligados a su quehacer cotidiano, como el acceso a empleo; dotación de más y mejores servicios públicos; requerimientos ligados a infraestructura; oportunidades de emprendimiento personal, familiar y comunal y a pesar de que quienes aspiran a ganarse la confianza del electorado, traducido en su respaldo en las urnas, procuran, al menos, esbozar ideas vinculadas a estos asuntos, ciertamente el ojo de la atención pública se encuentra focalizado en las incidencias alrededor del “Escándalo del Cementazo”, que arrojan novedades, no agradables, prácticamente a diario.

Más allá de la repercusión que el escándalo pueda generar en la institucionalidad democrática del país, cuyo impacto más preciso, sólo podrá dimensionarse con rigor, algún tiempo después de que concluya de manera definitiva, en lo inmediato ha opacado al resto de los temas-país y ha retornado al eje “corrupción” como una de las principales preocupaciones de la sociedad, según consignan esos mismos estudios de opinión pública.

No obstante la trascendencia que reviste para la salud del sistema político la efectiva y correcta resolución de los efectos del escándalo, responsabilidad directa del Poder Judicial e indirecta de los otros supremos poderes, debe tenerse el suficiente cuidado, equilibrio y prudencia en su acometimiento, de forma tal que no devenga el remedio en algo peor que la enfermedad.

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Flaco favor haría al propósito supremo de robustecimiento del sistema democrático, una gestión atropellada de los procesos inherentes a este caso, tanto en sede judicial como legislativa, que, otorgando una inusual e impropia prioridad a la muy válida expectativa ciudadana de observar un proceder efectivo, oportuno y eficiente de las instituciones directamente responsables de su conducción, vaya en detrimento del apego irrestricto a la legalidad y el Estado de Derecho.

Pero además, es relevante que los otros tópicos citados, más muchos otros que informan la agenda política y socio-económica nacional actual, no se vean opacados o del todo anulados por aquel.

La campaña electoral no puede ser monotemática y la construcción del voto por parte de la ciudadanía convocada a las elecciones generales del 4 de febrero, no deben estar totalmente supeditadas a lo que vaya ocurriendo alrededor de este único tema.

La institucionalidad democrática posee su propia lógica y margen de autonomía y no puede observarse como variable dependiente de un proceso que, salvo por conexiones indirectas y puntuales, se desarrolla de manera paralela al proceso electoral que le sustenta y legitima.

Ciertamente la probidad y la honestidad son elementos importantes en la discusión electoral relacionada con la selección de las autoridades de los Poderes electos mediante sufragio universal, máxime cuando un caso como el “escándalo del Cementazo” muestra posibles fisuras del marco jurídico e institucional, provocadas por posibles acciones transgresoras de la legalidad vigente, pero no puede ser el único aspecto sobre el que gire la totalidad de proceso que es más complejo y diverso.

Es menester de todas y todos evitar caer en esos reduccionismos que en nada contribuyen a fortalecer la democracia.

La búsqueda de la transparencia y la aplicación de la ética en la función pública son vitales, mas no agotan los asuntos a analizar y los criterios a emplear, al momento de construir una de las decisiones más relevante que debe asumir la ciudadanía, como lo es el voto.

Por tanto debe procurarse en lo que resta del periodo electoral actual, propiciar una mayor atención hacia estos otros temas, igualmente relevantes para el devenir de una sociedad que busca mejorar de forma constante su cohesión, estabilidad y la calidad de vida de cada uno de sus miembros.

El reto está lanzado.

El fortalecimiento y perfectibilidad constante del sistema democrático costarricense lo demanda y ansía.



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Maria (10/11/2017)

SIMPLISTA.