Jueves 14 de Diciembre, 2017

El Populismo: desafío pendiente de la democracia contemporánea

01 de diciembre, 2017

Sergio Araya Alvarado

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En la recta final de la segunda década del siglo XXI, los vientos que corren no son muy alentadores para la democracia en América Latina.

El Informe del Latinobarómetro correspondiente al presente año, muestra su declive, reflejado en una tendencia a la baja del apoyo social con relación a la democracia, reflejad en un descenso de la satisfacción de la gente con respecto a su capacidad de respuesta a las demandas y aspiraciones de la población y complementado con el aumento en la percepción de la gente, de que quienes ejercen el poder, lo hacen a favor de unos pocos, usualmente los mismos que ocupan dichos cargos de poder.

Frustración e impotencia ciudadana que, impregnada de indicadores macroeconómicos poco halagüeños en términos de acceso equitativo e inclusivo, a los beneficios generados por un patrón de desarrollo orientado por la lógica de la globalización, conforman el caldo de cultivo idóneo para la presencia y adherencia social, de actores políticos portadores de un discurso y una praxis tendiente a reforzar y capitalizar alrededor de su propio proyecto político, dicha carga negativa presente en el imaginario social. Fenómeno político, identificado por distintos sectores como “populismo”.

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La evocación a la crítica ácida, a la descalificación absoluta y al rechazo hacia grupos de poder, políticos y económicos, en nombre del “pueblo” sufrido, desplazado y humillado, que resultan particularmente atractivas en un contexto socio-histórico caracterizado por la polarización política y la fragmentación social, devienen en los insumos discursivos y simbólicos de la praxis populista.

Pero más allá de esto, lo realmente sensible y complejo, es su tendencia a personalizar el ejercicio del poder político, concentrándolo en la figura de quien ostente la más alta posición dentro de la estructura de poder vigente, lo que afecta de manera directa la calidad y solidez del marco jurídico e institucional que, en las democracias representativas contemporáneas, es fundamento esencial de su engranaje, lógica de funcionamiento y sostenibilidad, así como de su capacidad efectiva de plasmar en la realidad tangible los valores de libertad, igualdad, fraternidad, y justicia social que, justificaron su surgimiento y posterior evolución histórica.

El análisis comparado es siempre un ejercicio útil, para incorporar aspectos positivos en la práctica cotidiana de quien, con apertura de criterio, está dispuesto a extraer de tales comparaciones, elementos que puedan enriquecer las suyas propias.

Pero también el análisis comparado permite conocer malas experiencias, sus orígenes y dinámicas, buscando con ello identificar factores de riesgo que pueden reproducirse en otros entornos, procurando con ello, en el mejor de los escenarios, su prevención a tiempo.

En ese contexto, experiencias concretas del ascenso al poder público de líderes de corte populista en la región, a lo largo del presente siglo, evidencian que ningún país está inmunizado a su penetración.

Tal y como señala el académico y político chileno Ignacio Walker, la dicotomía política en los albores del nuevo milenio en América Latina, no es la clásica entre Democracia y Dictadura, sino entre Democracia y Populismo.

Esto obliga a reflexionar sobre los riesgos del populismo en los sistemas democráticos de la región, así como a plantear con crudeza, pero preclara intención, sus efectos concretos en la institucionalidad política que lo ha visto surgir y desarrollarse.

En el marco de un contexto no totalmente positivo para la democracia, del cual Costa Rica, tampoco escapa, se desarrolla la presente campaña electoral del país, que culminará con la elección de las nuevas autoridades nacionales en febrero de 2018.

Asume en ese marco, renovada importancia que, en el proceso de construcción del voto, acto supremo que conecta de manera directa y efectiva, a la ciudadanía con su sistema político en la democracia representativa, se caracterice  el riesgo inminente comportado por la democracia costarricense, si al amparo de la dinámica electoral en desarrollo, emergen expresiones de populismo, tanto a nivel de discurso como de estrategia política,  a través de las cuales, operadores políticos aspiren a alcanzar el poder político público.

Pese a su relevancia, el populismo no deja de ser nebuloso para un amplio sector de la sociedad.

Es justamente a través de esa forma desapercibida de penetración que, como si fuera una suerte de cáncer que ataca silenciosamente al cuerpo, penetra hasta las raíces del sistema político democrático y lo socava hasta sus últimas consecuencias.

De ahí la relevancia de exponerlo en toda su extensión, entendiendo que su génesis se encuentra  la en las propias imperfecciones de la democracia y que la forma adecuada de contrarrestarlo pasa por la atención eficaz y eficiente de  las demandas y necesidades de la ciudadanía, de manera tal que el propio sistema lo neutralice de manera permanente.

Y para lograr lo anterior, en última instancia la responsabilidad suprema y definitiva, recae en cada persona que, con su voto puede evitar, o puede permitir, el acceso y consolidación de formas populistas de ejercicio del poder público dentro del sistema democrático costarricense.

La población costarricense debe entonces, advertir el efecto negativo del populismo en contra de la gobernabilidad y la estabilidad de la democracia y ello sumarse al conjunto de aspectos a considerar al momento de emitir  su voto el día 4 de febrero de 2018.



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