Miércoles 13 de Diciembre, 2017

El “hoy eterno”

Reflexiones

01 de diciembre, 2017

Juan Luis Mendoza

[email protected]

Arranco el escrito con estas afirmaciones del Padre Cándido Martín, algo que he ido exponiendo en entregas anteriores de la serie: “Que aceptemos que en la eternidad de Dios estamos, que en ella nos movemos y desde ella es que hablamos. Que en ella, somos como un suspiro. Suspiro que ya en Dios, es un suspiro eterno. Que Dios es Eterno y es amor; y que con amor eterno nos ama. Que de Él venimos, en

Él existimos y en Él nos movemos; Él es nuestro destino.

Que afirmar todo esto, no es negar lo que nos viene. No es negar lo que nuestra fe profesa. Eso sería un absurdo atrevimiento. Lo que nos viene, lo que buscamos, lo que pretendemos, es traer estas realidades a esta nuestra vida cristiana para vivirlas en Dios y desde Dios, porque en Él y desde Él nos corresponde vivir.

Que nada de cuanto profesamos negamos. Lo único que, con la Iglesia negamos, es la nada, la noche y el silencio eternos. Que lo que afirmamos es esa Vida Eterna; esa Vida de Dios que nos alcanza ya, aquí, y por la que estas nuestras vidas se transforman en Cielo.

Lea: “Aplican restricciones”

Desde Dios venimos./ Vivir aquí, en su Vida,/ es nuestro obligado vivir./ Y ser como dioses,/ en Dios Uno y Trino,/está nuestra meta./ Es nuestro destino.” Le invito a que medite en ello.

Se trata, en contra de lo que muchos hacen, de no separar en Dios y en nosotros también, el Creador y Padre, creaturas e hijos nosotros, lo que está unido desde un principio y hasta el final: el hoy y el mañana, el tiempo y la eternidad. Y la razón está en que, puestos en la Vida de Dios, todo se convierte en un “Hoy Eterno”. Todo, cielo y tierra, en solo un espacio. Todo en una eternidad que nos envuelve.

El autor, más arriba citado, lo canta así: “Somos, más que un presente,/ un futuro en busca de un pasado./ Pasado, que son las manos de Dios,/ desde las que un día llegamos./ Y, a las que, al tiempo, vamos./ Somos como un suspiro,/ en la eternidad de Dios./ En ella nos movemos y somos./ En ella actuamos y esperamos./ En ella, en el regazo de Dios, ahora y siempre reposamos”. De nuevo el dicho: “En él, en Dios, vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17,28). De él venimos y a él vamos.

Todo ello es fruto del Amor, que es Dios, de su Vida que se nos da con él gratuitamente. Es la salvación que nos trajo Jesús del cielo, un regalo eterno como el Amor y la Vida que posee desde siempre con el Padre y el Espíritu Santo. Ahora es cosa de aceptar el don, el regalo, la gracia que se nos ofrece. En ese sentido, escribe el Padre Cándido Martín: “Estamos ante el sueño de Dios. Él no tiene otra ilusión. Sólo, que te dejes amar. Sólo que te dejes transformar. Que pases de ser criatura suya, a ser su hijo, a ser heredero de su Gloria. Es aquí cuando Cielo y tierra se unen para empujar tu vida, tu existencia, tus anhelos, hacia nuevos planos, hasta el plano de Dios”.

Y más adelante añade: “Antropológicamente hablando, estamos en una evolución que viene y viene desde las profundidades de la Creación. Estamos en la evolución humana que topa ya con los proyectos divinos, con lo que pudiéramos llamar evolución divina, con los planes de Dios de elevar a su criatura a las esferas divinas. Se trata de una vida natural que se encuentra con la vida divina. Se trata de un Dios que a ti viene, para que sepas que él es tu único, tu último destino”.

Y concluye con estos versos: “Hacia ti, Él viene./ Hacia Él, tú vas./ Cuando con Él te encuentres,/ Tu día eterno amanecerá”.

Ahora sí entenderemos mejor lo del Génesis: “Dios creó al ser humano a imagen y semejanza suya, varón y mujer los creó” (Génesis 1,26).
Seguimos otro día, Dios mediante.



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR