Martes 12 de Diciembre, 2017

¿Para qué tanto apuro?

02 de diciembre, 2017

Paula García

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En esta ocasión, quisiera compartirles una anécdota que me compartió una amiga que es enfermera, y que me cambió la visión de la semana y, por qué no, de mi manera de ver la vida. Y si una sencilla frase le cambió a ella la perspectiva y a mí también, tal vez se la cambie a usted.

En medio de nuestra conversación, surgió la temática de cómo muchas veces las cosas cotidianas o las frases de algunas personas cambian la perspectiva de como vemos la vida. Me dijo que en una ocasión mientras estaba tomando la vía de una persona a la que le iba a poner por primera vez quimioterapia, la persona suspiró y le dijo: “¿y de que valió tanto apuro?, ¿para que tuve tanta prisa?”.

Algo más dijo mi amiga, pero yo me quedé con esa frase y la he meditado toda la semana.

Se ha preguntado ¿cómo es su día?, empieza corriendo con un despertador que suena y usted cuenta los segundos porque el tiempo apremia, trabaja mucho o lo necesario para ir al banco en la quincena, pagar las cuentas, y darse lujos y chineos.

Estudia y se quema las pestañas, medio ve a su familia, medio está con la pareja, medio ve a los hijos (-as) y solo si le queda tiempo chatea con las amistades porque el tiempo para salir es poco y si les ve, prefiere un lugar lleno de ruido donde no pueda conectarse con el corazón de los demás.

Lea: Los desórdenes de un país en bancarrota moral

Sabe lo que quiere y para a donde se dirige y sino, al menos, se frustra porque así debe ser, pero en medio de ese circo de vida ¿Cuándo se detiene?, ¿cuándo mira y aplaude sus logros y cuándo se ríe de sus errores? o ¿solo se castiga? Y se repite que no le alcanza el tiempo.

¿Será acaso que nos programamos sin darnos cuenta?, es impresionante como una situación extrema, como una enfermedad, la muerte o el peligro inminente a la misma, el dolor y la crisis son las que tienen que ser la causa de generarnos ese choque con la realidad.

Se nos pasa la vida cumpliendo, pero cumpliendo ¿con quién? Y ¿para quién?, necesité preguntarme muchas veces esto durante la semana cada vez que me descubría urgida, corriendo, apurada por algo me detenía unos segundos y me preguntaba a mí misma ¿Y para qué tanto apuro?, ¿vale la pena?, ¿y si lo tomo diferente eso que no puedo cambiar?

Algo sucedió, descubrí que la gente empezó a decirme que estaba más sonriente, que me brillaban los ojos, ¿Qué que me sucedía?, al inicio no lo comprendí ahora lo veo se trata de que estaba disfrutando más de cada momento, y eso no significa no cumplir con las responsabilidades o no pasar momentos amargos.

No dejé mi ajetreada agenda, no llegué tarde en ningún momento, pero tampoco me mortifiqué de manera desesperada por lo que era inesperado o por las carreritas que alteran el día o las personas incómodas que a veces aparecen. Le invito a realizar este pequeño ejercicio.

Dese el permiso de descubrir cuando se apura de más, porque detrás de tantos “apuros” es posible que haya muchos mandatos del entorno, culpas infundadas y exigencias externas.

Cuando nos convertimos “en la sucursal de Aladino”, podríamos estar firmando el contrato del agotamiento excesivo, la frustración y la amargura dejando que se nos pase la vida y se nos escurra el tiempo entre las manos. No espere a la crisis y recuerde “¿Para qué tanto apuro?”.



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