Sábado 16 de Diciembre, 2017

Ni una vida menos

03 de diciembre, 2017

Jenaro A. Díaz-Ducca

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Este noviembre se celebraron tres temas importantes. Primero que todo, noviembre es el mes en que bajo el lema de “Moviembre” se concientiza a los hombres sobre la necesidad de prevenir y tratar el cáncer de próstata, una de las principales causas de muerte, mediante exámenes y revisiones médicas. Además, el 19 de noviembre se festeja el Día Internacional del Hombre, instaurado en 1992 y popularizado en 1999. Según Wikipedia, la fecha busca “promover la igualdad de género fomentando la no discriminación a los hombres, y celebrar la masculinidad.”  En tiempos en que la “masculinidad” es un concepto atacado, pues se le asimila al machismo, creemos que es una fecha importante que al contrario del Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo, pasa desapercibida y no se festeja, ni se discute, hasta el punto que gran parte de la población ignora que existe.

La tercera ocasión importante en noviembre corresponde al 25, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, cuyo objetivo es “denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación” (Wikipedia).   Si bien esta es una fecha que también se celebra con marchas (y hasta medio día de asueto en Costa Rica), existen grupos radicales que, bajo el denominado feminismo de la Tercera Ola, realizan manifestaciones estrafalarias donde acaban semidesnudas, insultan a las iglesias, y realizan pintas en las paredes con consignas de violencia contra los hombres. En Costa Rica, este año por primera vez un grupo de feministas militantes se quitaron la ropa en pleno Parque Central después de lanzar consignas contra la Catedral Metropolitana y lo que dicen que el templo representa.

Si bien la violencia contra las mujeres es un problema serio y necesario de atender, separarlo del contexto de la violencia general que vive nuestra sociedad (y muchas otras) distorsiona la verdadera situación y las soluciones que se le pueden dar al tema de la violencia social. Lejos de los gritos de “Mata a tu marido” o “Machete al machote”, la consigna de “Ni una menos” tiene un sentido parcial, pues obvia el hecho que el 79% por ciento de las víctimas de asesinato en el mundo son hombres, mientras que el 21% son mujeres (estadísticas para el 2012 de la Oficina de las Naciones Unidas para las Drogas y el Crimen).

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Asimismo, el 66% de las víctimas mortales de violencia doméstica son mujeres, y el 33% son hombres (ONU, 2015).  Si bien leemos sobre el primer grupo todos los días en la prensa, rara vez se menciona la muerte de los últimos. Valga recordar los famosos casos de Gerardo Cruz, cuyas autoras intelectuales fueron su novia y su hijastra. Otro caso muy dramático, y al parecer, de fácil olvido, es el de la familia de Matapalo, donde el marido, los hijos y la esposa infiel terminaron por ser masacrados por el amante de aquella. La víctima, de nacionalidad estadounidense, tenía un historial como hombre agredido psicológica y físicamente. Otro grupo, del cual se ha escrito y no se tienen muchos estudios, es el de los hombres que envían a la cárcel por pensión alimenticia, o falsas acusaciones de agresión sexual. Muchos de ellos acaban con su vida destruida porque pierden su patrimonio, su trabajo, y a sus hijos. Algunos, recurren al suicidio y de esto nadie se entera ni nadie lo reporta. He aquí un tema digno de una tesis universitaria.

Finalmente, la violencia contra los niños es un fenómeno, repetimos, que es parte integral del problema global de una sociedad enferma y desequilibrada: según el Hospital Nacional de Niños, se reportan diez casos al día de infantes con signos de agresión (La Nación, 26-02-2016). Si bien son niños que “han sido lesionados principalmente por hombres”, como nos dice la nota, en muchos otros casos las madres también han participado en las agresiones y hasta en las muertes violentas de los chiquitos. Recordemos el episodio de una mujer que en el 2010 mató a su hija y luego se suicidó en Cartago. Existen muchos casos más.

Nos preguntamos entonces: ¿no deberíamos entonces abrir el paraguas de la defensa de la vida y cubrir con él a niños y a hombres también? Si bien es cierto que no deben morir más mujeres, ¿no debemos también proteger la vida de los menores, hombres, ancianos y hasta de los animalitos víctimas de la violencia? Proponemos entonces que no solo noviembre, sino para el resto del año, nos unamos en Costa Rica bajo la consigna de “Ni una vida menos”, pues todos somos responsables en esta sociedad. Empecemos a trabajar juntos por la erradicación de la cultura de la violencia que se aprende en los medios, y se vive en la calle y en la casa, desterrándola mediante una educación para la paz, con procesos judiciales imparciales y con una justicia pronta y cumplida. Todos somos iguales ante la ley, todas las vidas son preciosas y todas valen lo mismo.



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