Lunes 11 de Diciembre, 2017

Vivamos el Adviento

04 de diciembre, 2017

Delia Villalobos Álvarez

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Estamos en el tiempo de Adviento, en latín adventus Redemptoris que se traduce (venida del Redentor); un tiempo de preparación para celebrar la Navidad: el nacimiento de Jesucristo.

La venida de Cristo es un acontecimiento maravilloso que cada año celebra la humanidad, un milagro que se vive en la fe para eliminar tantas vendas, prejuicios y barreras que roban luz y claridad; que llenan de egoísmo, injusticia, mezquindad y tanto que arrebata paz y ganas de vivir plenamente. 

El Adviento, cuatro semanas antes de la Navidad donde nos encontramos con la esperanza y el perdón, para limpiarse y llenarse de propósitos que cambien tanto que debemos hacer mejor. 

La iglesia lo describe como “recordar el pasado, porque el señor nació en Belén, en el lugar más pobre, ya vino, y compartió con nosotros”; pero el adviento también es hoy, para vivir las enseñanzas de Jesús y replicar caminos con sello cristiano.

 Adviento es,  además, futuro,  preparación para la Parusía, la segunda venida, cuando estaremos frente al Señor como juez, cuando se premiará a los que han creído, a los que han amado a los y las demás. Es la vida eterna.

En este tiempo, llega el encanto de las fiestas y la comercialización intenta robar el verdadero significado; el entorno fascinante, las vitrinas, los colores, los olores, lo novedoso, lo rico; se confabulan para que olvidemos el verdadero sentido del adviento.

Necesitamos pies firmes sobre la tierra, pensamientos en el cielo, mirada en los y las demás, para no olvidar el sentido que debemos llevar. Jesucristo viene a estar con nosotros (-as), nuestra vida debe cambiar, renovar, retomar el norte que en ocasiones se convierte en desorientación, en vivir lo equivocado, lo superfluo, lo fácil, lo indiferente, tanto que carga el sendero de la confusión.

Celebrar con Jesús implica oración, caridad, solidaridad, perdón, humildad, sencillez, compartir lo que se tiene con los y las agobiadas por la necesidad, las carencias, el olvido, la soledad, la falta de afecto, de abrigo, de lo que se necesita para vivir.
 
No se puede dejar de comprender que: Jesús ya estuvo entre nosotros (primera venida) como el niño más pobre que nació hace 20 siglos, la segunda venida “es constante, actual… un misterio… Jesús nace constantemente en las almas…”.
La tercera venida “ clausurará los tiempos e inaugurará la eternidad”.

El Adviento es un tiempo de reconciliación: con la vida, con nosotros mismos, con  los y las demás, un encuentro con lo dejado en el tiempo transitado, con la frialdad del alma, con la separación espiritual, con la prepotencia que olvida lo pequeños que somos, con la indiferencia ante los milagros que suceden cada día y no disfrutamos, con la frialdad ante el dolor de los demás, ante los pensamientos, las creencias y las necesidades que pusieron delante de nosotros.

Es momento de reflexionar, de recoger lo que nos aparta de Dios, lo que urge invitar al día a día, vestirnos de sensibilidad, humildad, de recobrar la pobreza de Belén, la humildad del Redentor, la oración, sentarse con Dios, con el perdón, con la amabilidad. 

Solo así, usted y yo podremos vivir más y vivir mejor.



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