Sábado 16 de Diciembre, 2017

La renuncia moral en política

05 de diciembre, 2017

Carlos Araya Guillén

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La renuncia moral es un valor ético que se fundamenta en el bien y trasciende la realidad jurídica.

La renuncia moral por su naturaleza de perfección combate la ceguera axiológica intencional, en tanto en cuanto, descubre que el ser humano es capaz de refugiarse en su egoísmo político para defender un puesto a costa de la organización y de su candidato a la Presidencia de la República.

La renuncia moral es autónoma, es decir, es un deber de conciencia, de responsabilidad y de compromiso ante las circunstancias aciagas presentes en un proceso electoral salpicado por graves acusaciones de corrupción.

La renuncia moral es propia del libre ejercicio de la voluntad. Es “a priori”, por razones válidas, a la condena legal (“a posteriori”)

Es un acto humano imperativo en un contexto de rectitud y solidaridad que se impone sobre las apetencias personales.

Por eso, la renuncia moral, implica no sólo una comprensión de los acontecimientos políticos específicos que de una u otra manera involucran al que no ha demitido, sino también una actitud de valoración y enjuiciamiento de la verdad y su impacto en un proceso electoral.

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El político con grilletes en los pies está llamado a proceder desde su interioridad y sabiendo que su presencia lesiona las posibilidades de triunfo de su partido  debe renunciar para afirmar la moralidad en la organización y en el desarrollo de una campaña política.

Puede que la renuncia a aspiraciones personales no sea un acto sencillo, pero si es una acción de intrínseca nobleza cuando se hace por mandato de principios filosóficos y no por obligación causal.

Aunque el dolor queme el “alma” de quien renuncia y sus ojos vean con oscuridad su futuro político, la renuncia voluntaria habla y describe con huellas imborrables el  sentido verdadero del deber cumplido.

El político de una pieza es dignidad.  Está “condenado” a ser honesto. (Sartre). No hay explicaciones cuando el clamor de pedir la renunciar es un grito de libertad popular.

Somos políticos morales en la medida que hagamos de la solidaridad y el sacrificio una norma de conducta de vida. Los políticos estamos llamados a ser testimonios vivientes de un “plus ultra” ajustado a la experiencia universal del bien colectivo.



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