Jueves 14 de Diciembre, 2017

La pérdida de valores ha convertido el mundo en una carnicería

Una vida sin religión, es una barca sin timón. M.Gandhi.

06 de diciembre, 2017

Rogelio Arce Barrantes

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En esta segunda década del siglo XXI, el mal en toda su variopinta realidad, se enseñorea sobre la tierra. Causa verdadero terror ver cómo hemos perdido la capacidad de enfrentar el mal, hemos caído en un profundo vacío existencial, que hace quedar corta la era del existencialismo. Ahora nuestra sociedad, me refiero al mundo entero, ha perdido cualquier tipo de dirección ética o principios morales: todo se vale, no hay límites para la maldad humana. Si bien es verdad que la inmensa mayoría de los seres humanos son buenos, la cantidad y cualidad de los malos es espantosa.

La muerte del fiscal nuestro la semana que corre, me llevó a recordar que hace unas cuatro décadas un político corrupto de Costa Rica, se convirtió en el primer padrino visible del narcotráfico y actividades conexas, fue condenado moralmente por la Asamblea Legislativa pero no sucedió nada: pocos años después moriría en la placidez de su sueño. Por cierto, se le rindió homenaje legislativo hace poco tiempo(!), quizá en agradecimiento a todo el mal que causó. Era de prever, que las actividades de los dueños de la droga se habían entronizado en Costa Rica sobre los hombros de algunos políticos y jueces, reinando a diestra y siniestra, sin Dios ni ley.

Las matanzas de narcopeones todas las semanas es cosa común y corriente, la de fiscales me temo que apenas empieza. Los partidos políticos mayoritarios tienen una enorme parte de culpa de lo que está sucediendo, pero no son los únicos: la ambición ha mostrado su verdadera cara, para comprar un vehículo de alto precio se necesita dinero y si no se tiene, se obtiene mediante actividades ilícitas.

Lea: ¿Será ella nuestra princesa?

Si leemos la biblia y las enseñanzas de Buda, entendemos que la finalidad de esos escritos es “salvarnos de nosotros mismos”, que somos en esencia nuestros peores enemigos, perdimos todo tipo de temor al mal o de inclinación al bien: todo se vale. Una persona que únicamente cumpla los Diez Mandamientos, no es capaz de hacer mal a sí misma ni a nadie; no mata a su esposa a balazos por celos, porque la respeta y la quiere, no roba, no cobra pensiones de lujo en detrimento de las mayorías pobres, no altera el mercadeo de artículos, no presta a usura, no codicia los bienes ajenos y se conforma con lo que tiene, no necesita presumir porque no tiene sentido. Si una persona sigue las enseñanzas de Buda, no mata, no roba, no es lujuriosa, no es borracha, no consume ni trafica drogas; todo eso son falsas ilusiones y alejan del camino de la iluminación.

La obsesión por poseer todo, el poder, el dinero, los placeres sensuales, la ausencia de dolor, son nuestro “karma”: eso hemos sembrado sobre la faz de la tierra, enviando soldados a masacrar inocentes para llenarse los bolsillos con el petróleo, convirtiendo las fuerzas armadas en protectoras de los sembradíos de amapola y cocaína, enlutando a millones de hogares.

Consumimos estupideces que no necesitamos, compramos compulsivamente para aplacar los resabios de conciencia, pero no damos un bocado al prójimo hambriento; llevamos la perrita al veterinario pero nos es indiferente la enfermedad del Lázaro que tenemos al frente.

El viernes negro, que de paso es una manera de sacar todos los tiliches viejos los comerciantes, da pena ver las filas de vehículos rumbo a los almacenes. No saben que los emisores de tarjetas viven del pago mínimo y los intereses de los incautos. Todo nos es indiferente, el mal ha ganado la batalla al bien y encima nos han sembrado un ateísmo para tolerar el remordimiento.

Quien llega a su casa cargado de artículos innecesarios, a la mañana siguiente entra en una “goma moral espantosa”: pero no aprende.

En mi casa celebramos la navidad, pero hace cuarenta años que mi esposa y yo de mutuo acuerdo no hacemos compras compulsivas, un cariñito y listo, para comprar lo que se ocupe está todo el año, navidad es época de reflexión.
No se trata de beatificarse en vida, aunque sería perfecto, se trata de tener medida: «Nada con exceso, todo con medida» para guiar el comportamiento práctico de los hombres. Solon (640 a.C.-559 a.C.)

¿Tendrá redención la raza humana o habremos entrado en la recta final?



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