Miércoles 17 de Enero, 2018

Banano piña: Riqueza y exclusión

02 de enero, 2018

Albino Vargas Barrantes

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¡Más de mil millones de dólares! Casi 570 mil millones de colones (570.000.000.000). Una cifra cerca a los 2 puntos del Producto Interno Bruto (PIB) del país. Esta gigantesca cantidad de dinero es el valor de las exportaciones de la producción bananera nacional correspondiente al recién finalizado año 2017.

Son datos oficiales dados a conocer por la Corporación Bananera Nacional (Corbana). Los trabajadores bananeros costarricenses y migrantes (especialmente procedentes de la hermana nación latinoamericana de Nicaragua) son la piedra angular sobre la cual se sostiene toda esa producción de esta tan codiciada fruta para los consumidores estadounidenses, europeos y de otros países.

Con gran pompa se proclama que la producción bananera en el año que acaba de terminar, 2017, rompió todo tipo de récord. No solo en este valor monetario sino en el número de cajas exportadas: 125 millones. Extraordinaria producción que también había obtenido cifras récord en el antepasado año 2016.

Los 40 mil obreros y obreras bananeras, verdaderos héroes de la producción agrícola nacional, merecen mejor suerte. Si el trabajo que ejecutan de tan alta calidad y tan elevada productividad es generador de más de mil millones de dólares en exportaciones en un solo año; es evidente que resulta imperioso cuestionarse la calidad de vida que están teniendo, los salarios que están recibiendo, las condiciones de salud ocupacional de sus entornos laborales; así como el grado de respeto pleno a las facilidades que la ley les otorga para organizarse en sindicatos sin miedo alguno y/o sin presiones en contra, abiertas o solapadas, a fin de mejorar sus propias condiciones de trabajo.

Esta realidad social, generalmente, es ocultada o invisibilizada por las cifras económico-financieras de dicha producción bananera, la cual está cercana al 10% de valor total de las exportaciones nacionales, según reciente información de prensa. Además, representa más de la tercera parte de todo el valor del sector agrícola exportador del país. Casi un 6% de toda la población trabajadora del país ocupada y con salario fijo, está en la producción bananera.

Resulta inobjetable que los salarios mínimos que paga el sector empleador bananero es inversamente proporcional, al volumen de rentas generados producto de unas exportaciones que superan los mil millones de dólares.

El caso de las personas trabajadoras agrícolas bananeras ejemplifica uno los aspectos más duros y dramáticos de una sociedad cada vez más desigualdad como la costarricense de hoy: los beneficios del crecimiento económico no se distribuyen de manera equitativa como para y, por ejemplo, que vía otra política salarial se pudiera aportar para reducir la intensidad de la velocidad de la concentración de la riqueza; es decir, enfrentar la creciente exclusión social.

Como se podrá colegir, este tema no es de interés de ninguna candidatura presidencial, ni siquiera de las que se autoproclaman como “sociales” y/o progresistas. No habrá debate, ni propuesta ni señalamiento alguno en torno al salario mínimo en el trabajo agrícola bananero, como tampoco a nivel general.

Por otra parte, bien le haría a la sociedad saber de la naturaleza de las responsabilidades tributario-fiscales de los diversos conglomerados corporativo-empresariales que reciben las jugosas ganancias-rentas de esos mil millones de dólares.

En materia de impuestos pueden aportar más con otro tipo de sistema tributario; pero aun con el actual, tan débil, ¿estarán pagando lo correspondiente?; o, ¿estarán asesorados por ese tipo de bufetes tributarios especializados en engañar al fisco con todo tipo de triquiñuelas y leguleyadas jurídicas para escamotear sus reales responsabilidades fiscales para con el bien común?... ¿Y cómo andarán con las obligaciones patronales que tienen para con la Seguridad Social del país?...

La patronal bananera del país está pegando el grito al cielo ante lo que denuncia como una “guerra” de precios en la Unión Europea (UE), desatada por los grandes supermercados vendedores de la fruta nacional que buscan vender el banano más barato a la gente que lo compra en esos establecimientos. Ello afectaría, apuntan, a reducir las rentas descomunales de la producción bananera, con lo cual dicen, se afectarían los trabajadores, especialmente. ¡Qué “casualidad”! Siempre el hilo se revienta por la parte más delgada…

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Su grito de reclamo lo está haciendo llegar a la entidad conocida como el Foro Mundial Bananero en el cual se conjuntan diversos actores productivos, sociales, sindicales y ambientales para buscar combinaciones adecuada entre la renta bananera, los factores socio-labores y la protección ecológica.

Si esto fuera así, ¿no debería estarse impulsando ya una especie de foro bananero nacional para afrontar las adversidades anunciadas en cuanto a las rentas futuras de la producción bananera del país?

Se debe resaltar, también, que la realidad que nos muestra la explotación agrícola piñera no es muy diferente a la bananera. El sector patronal de la misma, la Cámara Nacional de Productores y Exportaciones de Piña (Canapep), dio cuenta de que, en el año 2016, las exportaciones costarricenses de esta apetecida fruta en los ya indicados mercados internacionales, llegó a los 875 millones de dólares, unos 490 mil millones de colones: poco más de un 1.5 puntos del PIB. Seguramente cuando se conozcan los datos con respecto al 2017, también habrá un nuevo récord exportador.

Sumando el valor de ambas producciones agrícolas (y en el caso de la piña sin conocerse todavía los datos correspondientes al año 2017), tenemos, conservadoramente hablando, 3.25 puntos de Producto Interno Bruto (PIB). ¡Qué gran riqueza!… Pero muy mal distribuida.

Solamente mediando el impulso, la promoción y el desarrollo de la organización sindical en la producción agrícola bananero-piñera se puede fundar un camino efectivo hacia la real justicia social para quienes, con el sudor diario de su duro trabajo, generan tan inmensa riqueza.



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Comentarios

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Juanito Mora (02/01/2018)

Como siempre excelente comentario, esa es una realidad nacional.