Domingo 23 de Setiembre, 2018

Compartir para vivir

29 de enero, 2018

Delia Villalobos

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En conversaciones cotidianas topamos con dos tipos de sensaciones que reportan las personas cuando de envejecimiento y persona adulta mayor se trata, en algunas encontramos desconocimiento y prejuicios, que conviven con muchos (-as). Describen con angustia capacidades que podrían quedar en el camino y actitudes que los y las otras asumen, al relacionarse con personas adultas mayores.

Otros (-as) relatan con exacta naturalidad las ventajas y beneficios que disfrutarán cuando cumplan 60 y más, y hasta la construcción anticipada para vivir con mayor bienestar.

Lo cierto del caso es que cada día las investigaciones, la tecnología y la ciencia evidencian que las personas adultas mayores de hoy, poseen importantes oportunidades para vivir con calidad y que, los estereotipos que aún persisten, tienen que cambiar para no limitar la existencia que por derecho, tienen las personas adultas mayores.

Una de las dimensiones de calidad de vida que más llama la atención por los múltiples privilegios que genera, es la referida al área social.

Esa que se tiene con mínima inversión y a la que múltiples indagaciones le confieren preponderancia en el envejecimiento activo; pero además, conexión con el cerebro.

Es frecuente encontrar estudios y especialistas que señalan la participación social: familia como red de apoyo, amistades, contactos sociales y grupos, que proveen ventajas que marcan diferencia en la vida de las personas adultas mayores; la mejor y más valorada por éstas es la de los seres queridos y parientes cercanos.
 
Según Gallo, “la compañía y las amistades pueden ser la mejor medicina en la vejez”. Esta autora reafirmó que lo fundamental que aportan los hijos en el cuidado de los padres son “esos increíbles espacios para compartir”.

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De igual manera Manes señaló que los datos muestran que “sentirse solo crónicamente mata a más personas que el alcoholismo, la obesidad y otras enfermedades”. Y agregó que, quienes están solos y lejos de personas con quienes compartir, “se enferman más y viven menos”.

Pero como si fuera poco este connotado especialista de la neurociencia señaló que la relación con otras personas es determinante “para tener un cerebro más joven”, pues en su opinión, diversas investigaciones demostraron que “mantener una vida social activa ayuda a mantener un cerebro saludable”.

El citado investigador describe que las personas necesitamos estar en contacto con otros (-as) y atribuye la modificación del sofisticado órgano cerebral, a la compleja interacción que comparten: factores genéticos, ambiente y entorno, al que le concede un papel primordial en la estimulación cognitiva y afectiva.

 Admitió que “no se puede entender un cerebro aislado hay que entenderlo en comunicación con otro cerebro y gran parte de la complejidad de nuestro cerebro es producto de la complejidad social que alcanza nuestra especie”.

Manes además, concede trascendencia a las emociones, que dibuja como parte de las personas, como guías de conductas que se asumen y señala determinantes para mantener la memoria. En su opinión, recordamos lo que provoca emociones.

Una de las más increíbles maneras de experimentar emociones se produce en compañía de otras personas: recuerdos, anécdotas, conversaciones, confidencias, situaciones, actividades de cada día, vida familiar y tanto, que no se puede contar.

Vivir más pero vivir mejor es una decisión repleta de acciones, conductas construidas; es necesario envejecer sin miedo, ponerse de frente a lo que implica vida, con optimismo que se cargue de resiliencia, de emociones saludables, realizadoras, desterrar los estereotipos que arrancan oportunidades y derechos, que lastiman y violentan.

El envejecimiento es su obra, colóquele colores, lugares, personas con las que desea compartir, solo así podrá vivir más y vivir mejor.

Delia E. Villalobos Álvarez M.S.c., [email protected], Presidenta Junta de Protección Social



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