Domingo 27 de Mayo, 2018

Por mí que se busque otra por fuera

31 de enero, 2018

Mauro Fernández

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La sexualidad ocupa hoy un lugar estelar en la relación de pareja. El placer sexual produce tal gratificación que es fácil entender por qué la intimidad es tan apetecida. El sexo brinda un deleite sin igual que inunda el lecho marital. Por esta razón causa asombro escuchar, en la privacidad de la consulta, cómo algunas mujeres expresan con sinceridad y dolor frases como las siguientes: “Yo quiero a mi esposo, pero yo podría vivir sin sexo”, “A mí el sexo no me hace falta”, “Yo lo hago porque él me lo pide, pero por mí, jamás”.

Algunas van más allá y manifiestan: “Yo no quiero ni que él me toque”, y otras, de manera sorprendente, afirman: “Por mí, que se busque a otra por fuera”.

Siendo el placer sexual tan gratificante, de inmediato surge la pregunta de qué está sucediendo para que una persona no se sienta atraída ni fascinada con la sexualidad.

Según mencionan los estudios, buena parte de estas mujeres que no sienten apetencia por el sexo no disfrutan la sexualidad; las relaciones sexuales no les resultan placenteras y, por ello, se esfuma la magia que evoca el encuentro sexual. Es decir, el sexo no gusta porque sí; el sexo gusta porque es grato, rico y delicioso. Desde luego, cuando no genera esas sensaciones, se vuelve poco apreciado.

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Por eso siempre nos gusta destacar que, cuando una mujer dice: “a mí no me gusta tener relaciones sexuales”, debemos completar la frase para que diga: “a mí no me gusta tener relaciones sexuales así”. En general, las mujeres no disfrutan cualquier tipo de relación sexual. A ellas les disgustan los encuentros apresurados, carentes de besos, abrazos y caricias. Por el contrario, aprecian y se deleitan con encuentros prolongados, donde se pospone la penetración para el puro final, y en los cuales el acercamiento y el contacto son los protagonistas. Esas condiciones provocan que muchas mujeres se vuelvan asiduas y fanáticas de la sexualidad.

También hay algunas que, aun cuando su pareja se esmera en todos esos detalles sexuales, el deseo y el deleite no surgen. En esos casos, se debe consultar para realizar exámenes destinados a determinar la presencia de un problema hormonal, metabólico o ginecológico que bloquee el apetito sexual y dificulte la consecución del orgasmo y la misma lubricación.

Ya no basta con que la mujer diga sí en el nombre del amor. No es suficiente que ella consienta la relación sexual. La expectativa marital es mayor: se desea que la mujer goce cada encuentro y goce con el sexo; se quiere que con frecuencia tome la iniciativa y toque las puertas del amor. Hoy más que nunca, el varón no solo pretende disfrutar del sexo, sino también que el placer sea compartido. Por eso, la negativa sexual femenina suele afectar la estabilidad del vínculo.

Recordemos que hoy estamos en capacidad de resolver la inmensa mayoría de los problemas sexuales femeninos, con lo cual se logra un buen desempeño sexual y el deleite mutuo. Por lo tanto, es cuestión de consultar.




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