Martes 20 de Febrero, 2018

A cien años de la "gripe española"

31 de enero, 2018

Ronald Evans

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A mediados de 1918, todavía rugían los cañones y las ametralladoras, cual cegadora infernal, mataban a miles de soldados, que por ganar unas pocas centenas de terreno, eran mandados por sus superiores al asalto de la trincheras enemigas.

La llegada de los americanos a los campos de batalla de Europa, presagiaban un final feliz para los aliados, pero Alemania no estaba vencida, aunque ya era evidente que no podría ganar la guerra. Fue entonces cuando los hospitales militares y los civiles comenzaron a verse saturados por enfermos que no eran víctimas del conflicto bélico.

Muy pronto la epidemia se convirtió en una pandemia, ya que el número creciente de casos se presentaba en diversos países. Se le comenzó a llamar “gripe española”, porque para algunos de allí procedía la enfermedad. No era así, todavía en estos momentos no está claro dónde se inició. Algunos sugieren que fue en China, o quizás Vietnam, pero muy probablemente comenzó en los mismos Estados Unidos.

Con los soldados norteamericanos llegó a Europa y allí, estalló. Se le bautizó como española dado que ese país era neutral y los periódicos no tuvieron obstáculos en proclamar la importancia de la enfermedad que estaba ocurriendo, inclusive afectando a famosos y muy conocidos personajes de su entorno social. En cambio, en los países beligerantes, lo verdaderamente importante eran las noticias de la guerra, no resultando conveniente traumatizar ni deprimir más a la población, con el conocimiento de un mal que estaba enfermando y matando a civiles en cifras que superaban a las que ocurrían en los frentes de batalla.

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El mal se caracterizó desde un principio por su elevada transmisibilidad y alta virulencia. Afectaba a gente de todas las edades, pero muy especialmente a jóvenes adultos (entre 20 y 45 años), sanos y robustos que caían sorpresivamente enfermos, sufriendo fiebres elevadas, dolores musculares y óseos intensos, fuerte cefalea, tos y un desgano total que obligaba a encamarse para guardar reposo.

La gripe española se extendió por todo el mundo. La mortalidad que ocasionó ha sido calculada entre 30 y 50 millones de personas, cifras que con creces, triplica el número de muertos en la Primera Guerra Mundial. La complicación más frecuente que llevaba a la muerte fueron las infecciones de las vías aéreas y pulmones, especialmente la neumonía. Los daños económicos fueron incalculables. Costa Rica no escapó a la pandemia. Cuando se revisan las estadísticas de los años 1918 y 1919, se aprecia un aumento desmedido de la tasa de mortalidad.

Pero así como sorpresiva fue su aparición, igualmente de rápida fue su desaparición. En un principio de la pandemia se pensó que el culpable era el Haemophilus influenzae.

Ahora ya conocemos bastante bien su agente etiológico, el virus A (H1N1), cuyas variantes nos han visitado y afectado varias décadas después (1957, 1968 y 2009), pero afortunadamente sin despegar la fuerza mortífera con que apareció en 1918. Posiblemente los virus de la influenza ocasionaron epidemias en siglos anteriores. Se sospecha, por ejemplo, que una misteriosa enfermedad llamada en su época (1529) “el sudor inglés”, que también fue de rápido comienzo y desaparición precoz, afectando principalmente a los jóvenes, pudo haber sido ocasionada por el virus de la influenza.

Al principio solo atacó las islas británicas pero luego se extendió por el norte de Europa. El último brote ocurrió en 1551, para no volver jamás.

En la actualidad la preocupación es la posible aparición de una variante del virus que tenga un poder destructivo semejante al que ocasionó la gripe española. De allí la importancia de la vigilancia epidemiológica y de la investigación para desarrollar a tiempo, vacunas eficaces que puedan detener el brote. En igual sentido puede hablarse de nuevos tratamientos de punta y armas diagnósticas, que por supuesto, hacen cien años no existían.

Dr. Ronald Evans Meza, coordinador, Unidad de Investigación de Ciencias de la Salud, Universidad Hispanoamericana



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