Lunes 19 de Febrero, 2018

El Juicio universal

12 de febrero, 2018

Juan Luis Mendoza

[email protected]

De entrada, pareciera que ese “último día”, del que se habla, se refiere al Juicio universal. Pero ¿qué significa el “último día”, equivalente a los “últimos tiempos”? Repetimos que en Dios “vivimos, nos movemos y somos” (Hechos 17,28). De hecho, ya estamos viviendo en el “tiempo eterno de Dios”, en ese “Día séptimo de Dios, en la eternidad de Dios”.

Y, como se ha dicho tan lindamente, en esa eternidad “somos como un suspiro. Como las flores que viven sólo un instante, el tiempo justo para alabar a su Creador en su estallido de gracia, perfume y color”.

El padre Cándido Martín lo dice así: “Ese ‘último día’ en que seremos juzgados por la Palabra de Dios, es tu ‘hoy’; un ‘hoy’ que encierra toda tu vida. Hoy, que lees esto.

Y mañana que, tal vez, lo vivas. Dios lo quiera –y pasado mañana cuando de este hermoso ‘valle de lágrimas’- te vayas para pasar a vivir en plenitud la Vida Eterna de Dios”.

Y como remate, añade: “Estamos en el ‘Día Eterno’ de Dios; en el ‘Gran día de Dios’ (Judid 6), estamos ‘en el día de la eternidad de Dios’ (2Pedro 3,18). Estamos ante el Señor, para quien ‘un día es como mil años y mil años como un día’” (2Pedro 3,8).

Una observación esencial para “reinterpretar” lo del Juicio universal es recordar que los escritores santos que tratan el tema lo hacen en el género literario conocido como “apocalíptico”.

Un ejemplo, la manera de describir san Matero el Juicio: “Cuando el Hijo del hombre venga en su Gloria acompañado de todos sus ángeles, entonces se sentará en su trono de Gloria. Serán congregadas delante de él todas las naciones, y él separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos” (Mateo 25, 31-33).

La descripción se hace a base de elementos culturales: la compañía de los ángeles, el trono de Gloria esplendorosa, el Señor en el trono sentado, los corderos y cabritos, a uno y otro lado, los primeros a la derecha, los segundos a la izquierda. Pensamientos morales: El “venid, benditos” y ese asustador “id, malditos…” Eso del “tuve hambre” y “tuve sed…” Eso del diálogo del Juez con los juzgados.

¿Qué queda por creer? El padre Cándido Martín responde: “Para creer y confesar, nos queda: que de las manos de Dios venimos; que vivir en su Vida es aquí nuestra Vida; una vida entregada y con Él vivida.

Y que pasados estos ‘últimos días’ en los que, en este bendito valle vivimos, al Jardín de Dios pasamos; pasamos a su Vida, a su Reino, a su eternidad”. Y, por el contrario, “para creer y confesar nos queda: que, cuando de las manos de Dios huimos, cuando del amor abusamos, y en nuestro chato amor nos quedamos, en la oscura y eterna oscuridad nos quedamos, cual unos desgraciados proscritos. Y, así, unos benditos y otros malditos”.

Añade más adelante: “Por supuesto: creo lo que la Iglesia nos pide creer. Creo en la ‘justicia de Dios’. Lo que no alcanzo, ni creo que nadie alcance, es hasta dónde llega esta ‘justicia de Dios’ que es amor, que es Vida que se ofrece, que es perdón derramado, que es misericordia eterna”.

Y concluye: “No tenemos por qué saberlo todo acerca de Dios. No tenemos por qué medir a Dios con nuestras medidas, ni juzgarlo con nuestras leyes. Bástenos saber que libres nos creó, porque amor nos pidió; y el amor, solo de la libertad brota. Aquí, en esta nuestra libertad, es que el amor brotó y brota. Aquí está Dios. Tú cuentas con la libertad; Él cuenta con el Amor”.

¿Y qué decir sobre el Purgatorio? En un próximo escrito, Dios mediante, le cuento.

Juan Luis Mendoza, Reflexiones



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR