Lunes 24 de Setiembre, 2018

Las mujeres como trofeo

18 de febrero, 2018

Adriana Álvarez

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Existe esta noción, machista, de que las mujeres somos un trofeo. El premio que el hombre gana por diferentes razones y se manifiesta en diferentes formas.

Una de ellas es el lavacar, que para generar tráfico, consigue que mujeres en ropa corta y ajustada, o incluso bikini, le laven el carro al hombre. Por una suma, usualmente pequeña, el hombre se “gana” que su auto sea lavado por una mujer mientras él “admira” su trabajo. Otro ejemplo son los restaurantes donde las mujeres atienden en shorts cortos y minisetas, sirviéndoles a los hombres alitas y cervezas. Para ellos no es más que el premio a un día duro de trabajo donde pueden ver deporte, comer rico, tomar, ser atendidos y admirar a estas mujeres que por un 10% de la factura los atienden como reyes.

El caso más sonado en las últimas semanas sobre estos “premios” que se ganan los hombres quedó al descubierto a finales de enero en Inglaterra gracias a un reportaje encubierto realizado por la periodista Madison Marriage del Financial Times.

Eran muchas las leyendas urbanas alrededor del evento anual de recolección de fondos llamado “El club del presidente del fondo de caridad” (The President’s Club Charitable Trust). Este evento, sólo para caballeros, era de lo más élite de Londres, sólo podían participar hombres de dinero y con poder, el cual se ha realizado anualmente por los últimos 30 años.

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Las únicas mujeres autorizadas a participar en dicho evento eran las camareras, las cuales debían tener ciertas características físicas (delgadas, altas y lindas) y entre 19 y 23 años de edad. Éstas debían audicionar y firmar un contrato de confidencialidad. 130 mujeres se escogían para atender a 360 hombres. Su uniforme sería: vestido negro corto, zapatos negros sexys y calzón negro.

Los detalles contados por la periodista, quien logró colarse como una camarera son perturbadores. Estos hombres mayores las tocaban, les pedían se quitaran la ropa interior, les metían las manos por debajo de sus vestidos y muchos de esos hombres se bajaron sus pantalones y se exhibieron ante ellas, en pleno salón. Muchas de estas muchachas le comentaron a la periodista (quien estaba encubierta) que ellas no sabían que este evento sería de este tipo.

Al salir esta noticia publicada en el periódico, varios de estos hombres poderosos renunciaron a sus puestos entre ellos el Presidente del fondo de caridad y el Ministro de Educación de Inglaterra.

Este hecho, el cual no es único en su clase, demuestra cómo a los hombres se les ofrecen las mujeres como trofeo, como premio. Entre más dinero, más mujeres, más jóvenes y más cosas se les pueden hacer a ellas. Entre más dinero y poder, menos pudor y más derechos sobre el cuerpo de ellas.

Algunos podrían decir que esas muchachas sabían a lo que iban. Si ellas lo sabían, y ellas así lo desean, es una cosa. Sin embargo, ¿cuántas de estas muchachas no sabían que esa era la dinámica? Y ¿cuántas deciden pasar por una noche tan humillante por el dinero para poder mantener a su familia? ¿Es eso justo? ¿Es esa la única forma en que las mujeres pueden hacer una buena cantidad de dinero por noche para mantener a su familia o pagarse sus estudios?

La educación empieza en casa, y es importante que los hombres sean nuestros aliados y sean ellos mismos quienes no acepten este tipo de eventos y comportamientos, y que en conjunto eduquemos a la futura generación de que, exponer a mujeres a situaciones tan humillantes, no es premio para nadie. Las mujeres no somos un trofeo.

Adriana Álvarez, Empresaria y coach de mujeres, [email protected]



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Comentarios

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Chepito (18/02/2018)

Shorts cortos?Aloooó.... Me recordó al querido Pilo Obando y su chispeante humor.