Domingo 24 de Junio, 2018

Cambiar de página

17 de febrero, 2018

Paula García

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Qué difícil es pensar en cambiar de página en cualquier aspecto de la vida en el que se ven implicados recuerdos, emociones, momentos, personas que sea como sea nos dejaron marcados.

Mantenernos leyendo y releyendo aquella página de nuestra vida por la que sentimos un afecto determinado no es otra cosa que atorarnos en una zona de confort.

La zona de confort en realidad es una jerga popular que se emplea cuando nos referimos a mantenernos en un “lugar cómodo”, pero ¿qué es un lugar cómodo?

En la mayoría de los casos es un constructo de nuestra propia imaginación que a diferencia de relacionarse con comodidad se relaciona con adherencia, confluencia o resistirse al cambio por múltiples razones que a la larga terminan convirtiéndose en nuestra cáscara de banano.

Sería común pensar que si me encuentro en un “espacio cómodo” todo marchará bien, pero no siempre es así por ejemplo en una relación que aunque sea áspera o incómoda e incluso tóxica o dañina.

La persona se convence que estar ahí es la mejor opción, no porque en el fondo sienta merecerlo o sienta que lo disfrute al 100%, sino porque implica un menor gasto de energía y menor grado de responsabilidad por asumir.

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Por alguna razón la persona se queda posponiendo por semanas, meses o años la inconformidad desde la índole que esta sea y termina por convertirse en un espacio incómodamente conocido, donde el dolor y el desgaste emocional se cronifican a tal punto que solo quedan la incomodidad y la queja.

¿Entonces qué nos hace quedarnos en un mismo sitio en donde nos hacemos daño, sea en el plano laboral, de pareja, de salud, económico, entre otros? Nos quedamos por una sola razón: tenemos miedo a asumir el reto que implica el cambio.

Albert Einstein decía “si buscas resultados distintos no hagas siempre lo mismo”. En otras palabras, salirse de la zona de confort es el secreto para no caer en la rutina, para abandonar los malos hábitos o para iniciar historias distintas.

Dejar atrás la zona de confort implica soltar el pasado y esto no significa olvidar sino recordar, usar lo aprendido para enfocarse en lo bueno y evitar caer en los mismos errores del pasado, implica en ocasiones dar un salto al vacío, pero previamente pensado.

No se trata de obligarse a cambios radicales de la noche a la mañana, sino a darse el permiso de explorar caminos nuevos, de tomar los recuerdos y momentos que lo aferran a esos capítulos de la vida y con ellos crear y construir historias nuevas.

Porque lo bueno de cambiar la página es que después de superar el miedo inicial, después de descubrir que nadie muere en el intento y posterior a entender que en la zona de confort me conformo y en la zona de creación edifico.

En ese punto será posible entender que entonces ninguna historia de mi vida habrá sido en vano, sino que era absolutamente necesaria para tener material suficiente para construir y crear ese nuevo capítulo o forjar ese nuevo proyecto.

Tómese su tiempo, descubra su ritmo y no se fuerce a cambiar de golpe que los verdaderos cambios y la exploración de su zona creativa son algo individual, que se vive al caso por caso y entre menos se corra, con más seguridad se asegura de que no se arrepentirá de cambiar de página.

Cuando note que empieza a dar vueltas en círculo en cualquier aspecto de su vida encienda la alerta porque habrá llegado de nuevo a una zona de confort en la que se puede estacionar por ratitos para replantearse nuevos retos, pero no para engolosinarse con más de lo mismo.



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Comentarios

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Manolo (17/02/2018)

Entiendo el sentido de este editorial (de hecho cae como anillo al dedo en esta sociedad conservadora y en estos tiempos de polémica) pero que la autora obvia o evita mencionar un hecho psicológico harto conocido: a algunas personas les cuesta olvidar recuerdos dolorosos y casi que se aferran a los mismos, es algo difícil de explicar y no soy psicólogo para hacerlo. El masoquismo emocional existe, así como los tarumas.