Jueves 21 de Junio, 2018

La conveniencia del matrimonio

25 de febrero, 2018

Adriana Álvarez

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Estos días he estado viendo una serie en Netflix llamada Reign. Es una serie basada en la vida de Mary Stuart, reina de Escocia. Digo “basada” en su vida porque luego de algunos capítulos los productores se tomaron varias licencias literarias y no se apegaron mucho a la realidad histórica de la vida de ella, pero sí guarda un componente de las realidades de esa época.

En esta serie, que he de confesar me tiene cautivada, la Reina Mary tiene que buscar esposo y tener un hijo para legitimar su puesto en el trono. Sin embargo, no podía casarse con cualquiera, ya que su marido debía obedecer a una alianza estratégica que sirviera de una u otra forma para proteger a Escocia. Primero estuvo casada con el príncipe (Dauphin) de Francia ya que ellos, con su ejército, podían proteger su nación de las invasiones de Inglaterra. Pero cuando él muere y no tienen hijos ella regresa a Escocia y debe buscar nuevamente.

En el caso de Mary, ella debía poner los intereses de su país sobre sus intereses personales, razón por la cual su segundo matrimonio fue muy infeliz, pero necesario ya que calmaría a los católicos escoceses y obtendría el respaldo del Vaticano, en una época donde había luchas internas entre protestantes y católicos.

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Aunque la realidad vivida por Mary Stuart en los años 1500 era otra, ciertamente algunas cosas nunca cambian, como la conveniencia del matrimonio, aunque ahora se ve feo ser explícito sobre los intereses que hay detrás de muchas uniones.

Aún hoy, la sociedad presiona el matrimonio como la “solución a los problemas” y algo necesario para que las personas puedan “vivir tranquilas y estables”. Asimismo, a nuestras niñas las criamos para que se casen con un hombre que las proteja física y económicamente y a los niños hombres para que busquen una mujer que pueda encargarse del cuido de los niños. Es decir, un matrimonio por conveniencia.

¿Será por eso que cada día existen más divorcios?

Yo formo parte de esas estadísticas y en cierto modo puedo decir que mi motivación para el primer matrimonio fue muy diferente que para el segundo. En esta segunda oportunidad que me di, ya no estaba buscando una media naranja ni siento que “necesito” de la pareja para complementar algo en mí.

Las relaciones entre personas no son fáciles, requieren de mucha comunicación, aceptación, tolerancia y paciencia. Pero sobre todo, de honestidad. Algunas veces las motivaciones para contraer matrimonio no están claras y obedecen más a satisfacer a la sociedad que nuestros propios deseos y es ahí donde en mi opinión, se generan a futuro los desencantos y separaciones.

Adriana Álvarez, Empresaria y coach de mujeres, [email protected]



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