Jueves 21 de Junio, 2018

Actitudes positivas

26 de febrero, 2018

Delia Villalobos

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Envejecer es tan natural como despertar y vivir, ocurre cada día de manera silenciosa y natural, casi ni lo sentimos y muchas veces ni siquiera atendemos las llamadas de atención ni las medidas correctivas que pone.

Sí, el envejecimiento dejó de entenderse como un período del desarrollo, como una etapa cronológica, como un número determinado de años. Después de muchos estudios y el trabajo de cientos de especialistas, se considera que es un proceso que inicia cuando las personas llegan a este mundo y termina cuando se van de aquí.

Esto hace la diferencia, el envejecimiento es inherente al curso de la vida, debe construirse y tenerse claro cómo se quiere vivir, lograrlo implica inversión en estilo de vida, cuidados en la salud física y mental, en la convivencia, en las actitudes, en las emociones y tanto más que sumarán para vivir más pero con calidad.

Hoy nos ocupamos de lo que escriben los que saben y de múltiples estudios que señalan que las actitudes positivas son fundamentales para envejecer con salud y desafiar todo lo que intente atravesarse en el camino para arrebatar el rumbo, la paz y la felicidad.

Según Heredero, los estudios científicos informan que las actitudes que las personas tienen hacia el envejecimiento y la apariencia personal podrían afectar el bienestar físico y mental. De ahí la importancia de conocer sobre este y de asumir conductas de autocuidado, emociones saludables y nunca perder el encanto por todo lo que nos llegue.

Lea: La soledad amenaza la salud

Debe tenerse presente que el aumento de la expectativa de vida depende de diversos factores, pero se reconoce que quererse, aceptarse y ser optimista, es fundamental. Son actitudes que se asumen al caminar y con decisión se acogen para enriquecer la convivencia y lo que se quiere hacer.

Dayan, por su parte, afirma que “la elevación del humor puede estar relacionado con el concepto de felicidad, o hipótesis de la retroalimentación facial que sugiere que la emoción sigue a la expresión”. Las emociones están disponibles, se expresan, se disfrutan, se comparten, aportan a la salud, al curso de vida, permiten vivir más cuando se tiñen de optimismo, de gozo, de contagiar a otros.

Por el contrario, asumir actitudes desactualizadas e inexactas genera factores de riesgo que afectan la salud; uno de los focos que refuerza esas actitudes; según los conocedores, surge de algunas notas y reportajes periodísticos que dejan estrés en las mismas personas adultas mayores y en la sociedad; el estrés, a su vez, afecta de manera directa e indirecta la química del cerebro, como señaló Heredero.

El pesimismo se acompaña de emociones y decisiones que, lejos de aportar a vivir mejor, deterioran la motivación para generar emociones saludables que concurren de manera definitiva para mejorar la salud.

Los estudios evidencian que proponerse vivir con esperanza, ilusión, alegría, dicha, felicidad, seguridad y mucho más, permite afrontar de manera más efectiva las situaciones que intentan robar paz y felicidad, buscando las oportunidades más convenientes, sin ofuscarse ni desalentarse.

Las ganas de seguir a pesar de los obstáculos garantizan salir adelante y fortalecido, tener la dirección de la vida propia, comprender que se es actor principal de cada escenario, de cada realidad para recobrar el estado de comodidad que siempre se desea.

Ser conductor de la vida propia es señal de autonomía, autoestima, singularidad que cada persona posee, ejercitar las capacidades y talentos que se tienen, aumentar esa maravillosa competencia que es la resiliencia, la cual fortalece, renueva y permite crear en cada reto,  nuevos caminos que desafiar y superar.

Delia E. Villalobos Álvarez  M.Sc., Presidenta Junta de Protección Social, [email protected]



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