Domingo 24 de Junio, 2018

El valor de lo inesperado

03 de marzo, 2018

Paula García

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Cuando era pequeña disfrutaba de manera particular salir de paseo con mi tía porque casi nunca podíamos vernos, pero ese tiempo era particularmente especial, quizás por el valor de lo inesperado y es que en la niñez mantenemos esa capacidad de disfrutar de las cosas pequeñas.

Esos pequeños detalles quedan marcados y hacen que el vínculo afectivo se refuerce y se valore a pesar del tiempo o la distancia. Y es que ese tipo de acciones son las que marcan y no solo a un niño/a sino a cualquier ser humano.

Lograr sostener la capacidad de sorprenderse ante lo inesperado es una de las cosas más difíciles sobre todo para los adultos/as que entre el correcorre de la vida cotidiana nos enfocamos en producción, metas conseguidas y resultados.

Pero ¿qué pasa con todas esas piezas claves que pasan desapercibidas por falta de atención? Lo que sucede es que esa incapacidad de conectarnos con los detalles, los momentos mágicos e inesperados nos desensibiliza.

En la Terapia Gestalt el término desensibilización corresponde a una de las resistencias psicológicas del ciclo gestáltico, que lo que significa es que la persona no logra conectarse sensorial o emocionalmente con algo.

Lea: Aprender de la soledad

Cuando esto sucede entonces no somos capaces de ser conscientes de lo que nos ocurre realmente y por ende de hacernos responsables de nuestro sentir, perdemos parte de nuestra espontaneidad y de nuestra capacidad de disfrute.

Y es que muchas veces creemos que disfrutar de algo tiene que traernos solamente placer cuando en realidad lo que nos da disfrute tiene que darnos una sensación sensorial que nos marca, y nos transporte, por eso algunos olores, sabores o texturas nos traen ciertos recuerdos.

Y cuando disfrutamos de algo somos capaces de reconstruir, crear y sentir intensamente de manera saludable, como lo hacen los niños/as que disfrutan el momento en lo que sea que estén haciendo.

Si juegan lo hacen como si no pudieran volverlo a hacer, cuando comen algo que les gusta por lo general lo disfrutan y lo saborean, cuando quieren conocer algo exploran, pero lastimosamente el tiempo y la sociedad nos invita a dejar de disfrutar.

Por eso con el paso de los años nos vamos convirtiendo en personas más estructuradas que no son capaces de vivir y disfrutar al 100% de cada momento intentando así sacar provecho verdadero de la vida.

La pregunta más importante aquí sería: ¿Se considera usted alguien que disfruta de lo inesperado? O por el contrario cuando lo inesperado lo sorprende pasa desapercibido o peor aún no recuerda la última vez en que se sorprendió por un pequeño gran momento del día.

Independientemente de su respuesta, le reto a tratar de encontrar al menos 1 o 2 momentos de disfrute que procedan de cosas pequeñas e inesperadas que perfectamente pueden estar inmersas en su cotidianeidad para así ir aprendiendo a disfrutar el valor de lo inesperado.



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