Jueves 21 de Junio, 2018

Viva feliz

05 de marzo, 2018

Delia Villalobos

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Envejecer feliz es una aspiración que todos (as) y quieren alcanzar  una meta para construir vida, superar pruebas, angustias, trabajo, y tanto que no hay espacio para describir.

Lo importante es encontrar ese estado de bienestar que compense lo que roba paz, tranquilidad, armonía, quietud y disfrute. Una añoranza que nunca se pierde de vista y que, aún en momentos difíciles, suscita motivación y esperanza de que ese ansiado bienestar, llegará.

Posiblemente esos pensamientos que invitamos al día a día, provean actitudes que forjen la capacidad de retar problemas y desafíos y de tomar acciones para enfrentarlos.

Muchos y (as) por desconocimiento, actitudes pesimistas y concepciones trasnochadas, insisten que envejecer no tiene sorprendentes e increíbles oportunidades que, con indiferencia, dejan pasar sin deleitarse.

Envejecer es tan natural, que dejamos a veces, pasar sin construir, anclados a estereotipos y prejuicios que impiden comprender que la dependencia y la enfermedad no son inherentes al envejecimiento y que, asociamos cambios normales a enfermedad.

Ya en 1997 Rowe y Kahn pusieron sobre el tapete que el envejecimiento podía vivirse con éxito y lo dibujaron con “baja probabilidad de enfermedad y de discapacidad asociada, alto funcionamiento cognitivo y capacidad física funcional (estado óptimo de salud física y mental) y compromiso activo con la vida” (relaciones íntimas y actividades productivas).

Los órganos encargados de la salud confirman que las investigaciones convergen en que el envejecimiento se edifica con estilos saludables en el curso de vida.  Con ejercicio cotidiano, la mente en movimiento, nuevos aprendizajes, en compañía de los demás y deleitarse con el encanto por la vida.

Varios países le apuestan a programas que impliquen participación de personas adultas mayores en diversas actividades junto a otros y (as) que les permitan seguir invirtiendo en el montaje del envejecimiento con éxito, con salud, con significado.

Con opciones realizadoras de tiempo libre, con actividades y terapias que llenen espacios que quedaron libres, donde se logre mantener identidad, autoestima, tener referentes y recuerdos que estimulen las ganas de vivir esa expectativa de vida lograda, el ansiado bienestar y la felicidad.

La Universidad de California midió la función cognitiva, la salud física y otros indicadores de bienestar con 1546 adultos de 21 a 100 años de edad y determinó “que la gente mayor es mucho más feliz que los de la Generación Y (millennials), contrario de lo que se piensa, los mayores son más felices que los jóvenes. Los investigadores explican que las personas adultas mayores tienen más herramientas emocionales y retan mejor el estrés, la ansiedad y la depresión.

Lea: Actitudes positivas

Alvarado, Toffoleto y otros anotan que diversos factores contribuyen a “mejorar el bienestar y la percepción de las personas adultas mayores. …la edad, género, escolaridad, grado de integración social, ingresos, redes de apoyo y actividades profesionales… tienen relación con la percepción del bienestar, felicidad y calidad de vida, además de la participación social en el hogar, en la política y religiosidad”.

Waldinger, manifestó que a los 80 años es normal y posible experimentar felicidad… si hay relaciones significativas. El autor advierte que “los hombres que logran relaciones cercanas con familiares y amistades tienden a ser más felices y más saludables que las personas menos sociales”.

Un estudio de satisfacción en Colombia de Cruz y Torres concluyó que “la felicidad subjetiva mejora y va aumentando conforme envejecemos. La vejez no sólo trae achaques: también felicidad”.

Fernández Ballestero anota que las personas adultas mayores experimentan emociones de igual manera que los jóvenes, que las emociones no saludables dejan de frecuentar a las personas mayores de 60 años y que la mayoría de autores que investigan el afecto concuerdan en que “en la vejez existe una mayor complejidad y riqueza emocional… una mayor “madurez” afectiva”.

Los estereotipos atentan una y mil veces contra la verdadera realidad que significa envejecer, con imágenes cargadas de deterioro, frustración, inactividad, dolor, dependencia, miedo y más, como si se tratara de una comedia de terror.

Es fundamental aprender a envejecer, invertir en el curso de vida con actitudes que cambian decisiones y voluntad y destierren creencias que inmovilizan y llenan de miedo.


Delia E. Villalobos Álvarez  M.S.c /  [email protected] / Presidenta Junta de Protección Social



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