Lunes 24 de Setiembre, 2018

Se avecina un chaparrón

02 de marzo, 2018

Fabio Vega

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Cuando el cielo se encapotaba, con densas nubes negras, el mensaje era que el chaparrón (lluvias fuertes e intensas), llegaría. Algo similar está por suceder con las prevenciones anunciadas por el Programa Macroeconómico 2018-2019 del Banco Central.

Nada bueno nos espera, en un país donde una parte de la población estará enfrascada, hasta el domingo de Resurrección, en la disputa del “clóset y el altar”, una lucha homofóbica, mientras el Estado se hunde como el Titanic.

Entre las malas nuevas figuran el lento avance de la oxigenante reforma fiscal, el creciente financiamiento y endeudamiento del Gobierno, la posible elevación perceptiva del riesgo ante la mirada acreedora, la huida de la inversión privada y la llegada del dólar a la estratosfera.

Empero, entre esas preocupaciones, anunciadas por el Central, está la variabilidad climática, a pavonearse tanto en lluvias como en temperaturas, por lo que nos esperan, además de las fiestas de Zapote, prontas inundaciones o sequías, sin descuidar eventos extremos como el paso fugaz de un huracán o tormenta tropical.

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Gris panorama para la actividad agropecuaria. Ya conocemos de los daños causados por “Otto” y “Nate”, con una diferencia de un parto entre sí; fenómenos que dejaron en bancarrota a ciertos sectores agrícolas, que todavía a hoy siguen esperando la tan anunciada ayuda de nuestras autoridades, comunicadas al clamor de la emoción, como si los estómagos de las familias esperaran a que mejore la situación.

El cambio-país es urgente. No se trata de votar en las urnas por el que se opone o apoya el matrimonio igualitario o si se le quitan por siempre las puertas al armario, sino en conocer de antemano las propuestas que nos tienen para atender las previsiones, anunciadas desde la atalaya del nervio y motor de la economía nacional. Sin comida y con los hidrocarburos altos, estaremos jodidos rascándonos el bolsillo para encarar los disparos en los precios de la alimentación básica.

Mientras los países protegen a sus agricultores, como lo hacen el mandatario Emanuelle Macron, con su voluntad de construir la “Francia agrícola de los próximos años” o el presidente panameño Juan Carlos Varela, al declarar “el arroz como cultivo de seguridad alimentaria por ser el principal producto de la canasta básica de alimentos de Panamá”, en Costa Rica estamos en el vaivén de seguir entregándonos a los brazos del comercio mundial, con tratados mayoritariamente que han resultado negativos para la agricultura interna.

Solo el que “tiene los pelos en la mano, sabe que la mula es parda”, y eso lo conocen nuestros productores. Es muy fácil decir, como lo manifestó la bella y eventual ministra de Comercio Exterior en un Gobierno de Restauración, de que al rezagado sector agrícola no se le ha acompañado con una agenda de competitividad interna. Pues bien, palabras y promesas de apoyo en inversiones y tecnología, encadenamientos, reducción de costos en agroquímicos, son añejas para este sector acostumbrado a escuchar esos cantos de sirena. La cantaleta sigue, mientras… se avecina un chaparrón.

Tierra Fértil, Fabio Vega



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