Sábado 15 de Diciembre, 2018

Repaso del devenir de partidos de corte religioso en el quehacer político-electoral costarricense

08 de marzo, 2018

Sergio Araya Alvarado

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En el marco del proceso electoral costarricense actual, donde temas de orden religioso han estado en el centro de su dinámica, adquiere relevancia referenciar la presencia de liderazgos con un origen o cercanía a dicha dimensión, en el quehacer político.

La vinculación política-religión y más específicamente política electoral-iglesias cristianas, católica y de otras denominaciones, ha sido una constante histórica reproducida en diferentes partes del orbe.

Concretamente en América Latina la relación religión-política coincide con la llegada de los europeos a partir de 1492, inicialmente con una mayoritaria presencia del catolicismo, que comienza a diversificarse a otras expresiones cristianas, fundamentalmente a partir de las últimas dos décadas del siglo XIX.

A nivel de expresión partidista, en el caso costarricense, el clímax de la participación del catolicismo en el ámbito político se concreta a través de la creación del partido Unión Católica, en el último decenio de ese siglo.

Conocido como Unión Católica, devino en el primer partido político ideológico en la historia del país. Participó en las elecciones legislativas de 1892, donde logró en una sociedad altamente católica, una importante representación parlamentaria, aunque insuficiente para enfrentar al sector liberal liderado por el presidente José Joaquín Rodríguez Zeledón.

En 1894 participó en los comicios presidenciales, donde obtuvo la victoria en las elecciones de primer grado, celebradas entre el 4 y 6 de febrero, al obtener 339 electores de un total de 663, según datos extraoficiales extraídos de referencias periodísticas de la época. Sin embargo dicho resultado no se tradujo en el ascenso al poder de su candidato, el exregente de la Corte Suprema de Justicia, José Gregorio Trejos Gutiérrez, por cuanto el gobierno de Rodríguez suspendió las garantías individuales y en la elección de segundo grado terminó siendo designado presidente de la República, el entonces secretario de Guerra y Marina, Rafael Yglesias Castro, quien a su vez era yerno del jefe de Estado saliente.

En esa segunda elección, efectuada el 1 de abril de ese mismo año, obtuvo 188 de los 563 electores responsables de la escogencia del jefe de Estado, a pesar de la fuerte ofensiva encarada por parte de las autoridades gubernamentales, incluido el encarcelamiento del candidato presidencial participante en las elección de febrero y la reducción en 100 del número de electores finales, pasando de 663 a la referida cifra de 563, siendo muchos de los eliminados, adherentes del partido.

Derivado de estos acontecimientos el partido Unión Católica desapareció. Aunado a ello, en 1895 se reformó la Constitución Política, para evitar el uso de motivos y alusiones a las creencias religiosas como parte de la propaganda político-electoral, prohibición vigente hasta nuestros días.

Si bien Costa Rica es uno de los pocos estados que aún conservan un carácter confesional, tal y como lo señala el artículo 75 de la Carta Magna, en la práctica, no existe posibilidad de una participación efectiva del Clero en la conducción del poder político, salvo el ejercicio de una curul legislativa o la presidencia de una institución autónoma.

Distinto es el escenario en lo tocante a las expresiones cristianas no católicas.

En lo relativo a la interacción más amplia entre política y religión, los líderes del protestantismo llegados a tierras americanas con el propósito de dar asistencia religiosa a sus connacionales radicados en la región, intervienen en la actividad política en aquellos años con el propósito de reivindicar intereses propios, coincidentes con el espíritu liberal de la época.

La secularización en el manejo de aspectos otrora reservados a la Iglesia Católica, como la administración del registro civil o de los cementerios, encontraron puntos de convergencia entre la élite política y económica del momento y los líderes de estas denominaciones no católicas, de reciente incursión en tierras americanas.

No obstante el éxito alcanzado en la concreción de su agenda, por influencia de corrientes evangelicales que instan a centrarse en la actividad estrictamente eclesial, durante una buena parte del siglo XX, desaparecen de la actividad política, resurgiendo a partir de la década de los 80, especialmente mediante su participación en la dimensión político-electoral, sea en partidos políticos ya existentes o mediante la conformación de fuerzas políticas con un claro predominio de su línea religiosa.

En el caso costarricense su primera expresión orgánica, el Partido Alianza Nacional Cristiana incursiona en la arena político-electoral, justamente en esa década del siglo anterior, con resultados sumamente magros.

En la elección presidencial de 1986 obtuvo 5.647 votos, equivalente a un 0,47% del total de sufragios válidamente emitidos. Cuatro años después obtiene 1.438 votos menos que los conseguidos en 1986, pese al incremento del padrón electoral. En 1994 alcanza 4.980 sufragios, correspondiente al 0,33% del total de votos válidos. En la última elección presidencial del Siglo XX nuevamente reduce su caudal electoral. En esta ocasión pierde 1.435 votos en relación con los conseguidos en 1994. En 2002, en la última elección en que participó como partido independiente, registró el más bajo nivel de respaldo de su historia, con un total de 1.271 votos, equivalente a un 0,083% del total de sufragios válidos emitidos en la I ronda electoral.

Lea: Particularidades de la elección legislativa 2018

Aunado a tan exiguos resultados, el Partido Alianza Nacional Cristiana no alcanzó un diputado en su historia.

Otras fuerzas políticas de corte cristiano-evangélico comenzaron a participar de manera más efectiva, a partir de las elecciones generales de 1998. Es el caso del partido Renovación Costarricense que consigue una curul en dichos comicios. En la elección presidencial de ese año consigue 19.313 votos, correspondiente al 1,39% del total de votos.

Renovación Costarricense repite presencia en la Asamblea Legislativa en 2002, 2010 y 2014, en esta última ocasión con un total de dos legisladores.

El Partido Restauración Nacional, escisión de Renovación Costarricense, participa por vez primera en los comicios de 2006, aunque únicamente aspirando a escaños parlamentarios. Tanto en esa, como en la elección legislativa de 2010 consigue una curul. En 2014 corre por la Presidencia de la República, alcanzando en esa ocasión un total de 27.691 votos, equivalente al 1,34% del total de sufragios válidos. A nivel legislativo nuevamente consigue mantener su representación unipersonal.

Es la elección aún en proceso, donde registra su máximo logro, así como el mejor rendimiento de una fuerza política de corte cristiano-evangélica en la historia del país, al ubicar a su candidato presidencial en la II ronda y obtener 14 curules para el periodo constitucional 2018-2022
 Las razones de este súbito ascenso, así como su sostenibilidad en el tiempo son tema para otro artículo.

No obstante, sí debe señalarse que este éxito electoral no es inédito en la historia de América Latina.

A manera de ejemplo el actual alcalde de Río de Janeiro y exsenador, el señor Marcelo Crivella, metodista y obispo de la Iglesia Universal del Reino de Dios, fundada en 1977 por su tío Edir Macedo.

Objeto de otro análisis será también los modelos de participación política empleada, así como la existencia o no de un auténtico voto confesional.

Por ahora este rápido repaso del desempeño de partidos cercanos a una confesión religiosa, especialmente aquellos de carácter evangélico, muestran una tendencia a adquirir mayor protagonismo político en el sistema político costarricense. Las características de la incidencia política generada de este crecimiento cuantitativo, aún está por definirse.

Sergio Araya Alvarado, politólogo



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