Viernes 14 de Diciembre, 2018

La ciudad blanca, con olor a muerte

09 de marzo, 2018

Fabio Vega

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La sencilla y risueña Ciudad Blanca ya no huele a monte… ahora huele a muerte… a asesinatos, a masacres, a venganza, a ajustes de cuenta… a bala caliente… a cerillo encendido.

La bella y coqueta Liberia hoy viste la túnica de la guadaña. Sus calles ya no parecen ser tan seguras, la tranquilidad de su parque se tiñó de sangre con el asesinato de un menor y sus barrios amanecen estremecidos por crímenes múltiples a universitarios.

Las vías angelinas se llenan por la brutalidad de los golpes, con un empleado municipal hoy en el cementerio; y con una mujer, camino al más allá, por causa de una mente criminal.

Así de cruda es la realidad, con las que se nos viste esta hermosa ciudad, de rostro apacible y acogedor para los visitantes, atraídos por la cabecera guanacasteca, donde acontecimientos que parecerán aislados para algunos, ya son muy comunes en la pupila de otros.

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No podemos pedirles peras al olmo, si en los estrados oficiales la violencia es el pan nuestro de cada día. En ese espejo comunal se reflejan, a veces, las repugnantes y zafarranchas sesiones municipales liberianas, llenas de ataques e insultos.

El matonismo no tiene fronteras, sus vientos acicalan la pampa con ciertos energúmenos, con un comportamiento violento e intimidadores de jóvenes, mujeres y niños, por medio de humillaciones como el acoso sexual, bullying o basureo. Ese maltrato verbal o físico, es constante hoy en las escuelas o en el hogar, a veces a vista y paciencia de padres y maestros, que conducen a esas infelices personas, desde muy temprana edad, a cumplir roles de “valentía o gallardía”; actitudes que, para algunos, es sinónimo de hombría.

Un día sin pleitos callejeros, a la salida de los centros educativos o fiestas comunales, no es normal. Los acontecimientos cada vez son persistentes, en una sociedad arrastrada por la violencia y el miedo.

Estamos acorralados por estos hechos, que ganan cada vez mayores espacios en las redes sociales y en los medios de prensa impresos y electrónicos. A veces, con sus programaciones, sobre todo algunos televisivos, alimentan con novelas "pequeñas escuelas" del crimen.

Vivimos en un país donde la discriminación crece paralelo al irrespeto de los derechos humanos, al derecho a la vida, a la libertad de culto y a la burla contra aquellas personas que quieren compartir un solo género, por el que también los matan.

Tierra fértil, Fabio Vega



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