Martes 17 de Julio, 2018

Educando desde la seguridad interior

24 de junio, 2018

Adriana Álvarez

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Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que todos los papás y mamás tratamos de educar a nuestros hijos e hijas de la mejor manera posible. Sin embargo, por más buenas intenciones, sabemos que es muy fácil equivocarse.

Si algo he aprendido en estos casi 8 años de maternidad es que entre más nos trabajamos como personas, mayor seguridad interior tendremos y mejor educaremos a nuestros hijos.

En ocasiones creemos que por no repetir algunos aspectos de nuestra crianza, ya estamos siendo buenos padres; o peor aún, si les damos “todo lo que yo no tuve”, en el aspecto material, entonces ya habré cumplido mi rol. Sin embargo, aquí lo que estamos haciendo es sanando nuestro niño interior y cumpliendo nuestros deseos más profundos… pero no necesariamente siendo mejores padres para nuestros hijos.

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Esto es así por dos razones: la primera es que estamos educando desde la carencia, donde “como yo no lo tuve, sí te lo voy a dar a vos”; pero además, nuestros anhelos de infancia o juventud no necesariamente son los anhelos de nuestros hijos al día de hoy, entonces les estamos dando lo que nosotros quisimos, pero es posible que no es lo que ellos quieren.

Es por eso que inicié escribiendo que cuando nosotros como personas sanamos nuestro niño interior, aprendemos a amarnos, resolvemos nuestros temas internos, creemos en nuestro potencial y lo que somos, nos será mucho más sencillo ser padres. Padres desde la seguridad y el amor y no desde el miedo o la carencia.

¿Cuántas veces sentimos culpa, que no damos la talla, que fallamos como madres o padres y que probablemente les hemos causado un daño irreparable a nuestros hijos? ¿Cuántas veces los educamos tratando de compensar lo que sentimos que no les estamos dando? ¿Cuántas veces permitimos conductas que sabemos que no son correctas, por el simple hecho de que nuestros hijos nos quieran? Es posible que todos hemos vivido una situación así en algún momento de nuestras vidas y esto es un fiel reflejo de la necesidad de amarnos y educar desde esa seguridad.

Si nos amamos como personas, entenderemos que nos vamos a equivocar varias veces, pero lejos de culparnos, entenderemos que es parte de la vida y lo tomaremos como una oportunidad de mejora. Entenderemos que nuestros hijos son el reflejo de lo que somos como adultos y educaremos más por el ejemplo, que por la palabra. Pero sobre todo, nos sentiremos seguros de lo que estamos haciendo, con aciertos y desaciertos, pero siempre con la seguridad que lo que estamos haciendo es lo mejor que podemos hacer desde el nivel de conciencia que somos.

* Empresaria y coach de mujeres
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