Viernes 20 de Julio, 2018

Las víctimas del divorcio

07 de julio, 2018

Paula García

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El divorcio es uno de los temas más comunes y de moda en los últimos tiempos. Lo alarmante del divorcio como tal, no es lo que supone su definición real como la disolución legal del matrimonio cuando hay causas previstas por ley. Eso sería lo de menos si en realidad se diera de esa manera, o si las únicas personas afectadas fueran quienes culminan con la sociedad matrimonial.

El matrimonio es un camino que se forja entre dos, que podrían o no querer dentro de ese proyecto incluir a otros caminantes a quienes llamaremos hijos o hijas, pero no puede olvidarse que la sociedad inicial fue formada por dos, y solo esas dos personas deben verse afectadas ante una ruptura, problemas legales, pensiones alimenticias y horarios de visita no les competen a los hijos (as).

En las últimas décadas se ha vuelto común que los niños y niñas en un salón de clase comenten como cualquier cosa que sus papás son divorciados o que este fin de semana me toca estar con mi mamá y el otro fin de semana con mi papá, como si fueran un “chunche” que se presta.

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El problema del divorcio como tal no se trata de la ruptura, se trata de inmadurez de los padres que curiosamente son los adultos, pues la mayoría de las personas se casan con sus imaginarios construidos, en otras palabras, con esa persona fantasiosa que siempre soñé.

No se casan con personas reales con virtudes y defectos, sino que se casan con sus ideales, sus príncipes o princesas y muestra de ellos son los miles y miles de colones que se gastan en bodas lujosas, comidas y recepciones, lunas de miel entre muchas otras cosas superfluas, pero ¿será que pensaron qué pasa después de la sesión de fotos?

Las infidelidades, la falta de comunicación, la falta de claridad en los proyectos comunes, la ausencia de conocimiento y el temor a responsabilizarse del cónyuge en las malas, en los tiempos de sequía física, emocional y espiritual es parte de esa unión matrimonial. El problema es que la gente se casa con el bonito o la bonita del día de bodas, no con el greñudo o la greñuda que despertó aquella mañana, antes de quitar y maquillar las imperfecciones.

Los hijos son regalos, no trofeos; los hijos son personas, no cosas; los hijos tienen sentimientos y necesidades, no tienen que preocuparse por los sentimientos ni necesidades de los padres; los hijos son los que ocupan ser cuidados y protegidos, no tienen necesidad de preocuparse.

A cortas edades se tienen que acostumbrar a escuchar a sus madres, padres, tíos (as), abuelos (as), hablar pestes de su otro progenitor (a). ¿Se darán cuenta los padres de estos niños que les están creando un daño irreversible, que están envenenado sus corazones?, ¿sabrán que tanta ambivalencia solo aumenta las posibilidades de que cuando crezcan sean personas inseguras y pendientes de quedar bien con los demás?

Y es que aprenden a actuar con mamá como conviene y con papá como conviene para sobrevivir al ambiente hostil al que los enfrentan. Esto en el mejor de los casos, porque también están los padres o madres que rehacen sus vidas rápidamente e intentan forzarles a aceptar porque sí la nueva familia, o peor aún, cuando se los llevan lejos o los esconden privándoles de poder tener contacto con su otro progenitor (a).

¿Será sano que crezcan creyendo que mi papá o mamá no me quiere cuando es mi papá o mamá quien me esconde? En el divorcio se pierde la perspectiva y sobre todo se pierde el respeto hacia los hijos (as).

Cuide sus palabras, valore su situación y si el divorcio fue la solución y la decisión como pareja, al menos en honor a los buenos tiempos o asumiendo su error por casarse con la ilusión que usted mismo creó, respete a sus hijos (as) y procure que ellos no sean las víctimas y que no paguen sus platos rotos, pues todo niño (a) merece ser amado y protegido en lugar de proteger o cuidar a “sus pobres padres divorciados”.



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