Jueves 15 de Noviembre, 2018

¿Premios o castigos?

09 de setiembre, 2018

Redacción

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Ejercer la maternidad y paternidad no es fácil. Todo es “prueba y error”, lo que funcionó ayer, no necesariamente servirá hoy y, para colmo, lo que funcionó con un hijo no es seguro que resulte con el otro.

Entre los retos más grandes para nosotros, destaca la forma de “disciplinar”. ¡Hemos probado todo! Cuando Isabella tenía más o menos dos años, y entró en lo que algunos llaman los “terribles dos”, pusimos en práctica el “tiempo fuera”, pero no sirvió por mucho tiempo. Luego probamos el quitarle cosas… hasta que el cuarto de la niña quedó vacío, y eso tampoco funcionó. Seguidamente probamos lo opuesto y empezamos a premiarle las conductas positivas, tuvimos unos días de relativa paz, pero al rato, el no ganarse la “estrellita” resultó ser una guerra mundial hasta que esto también dejó de tener efecto.

Semanalmente nos movemos como un péndulo, desde las consecuencias por no hacer caso hasta tratar de reforzar las conductas positivas. Nos debatimos diariamente entre las dudas de si somos muy rígidos o muy laxos, si es tan importante tener notas buenas o no, preguntarnos realmente qué tan “ordenado debería estar su cuarto” y hasta qué punto debería ser ella responsable de sus labores escolares o deberíamos nosotros aún resolverle esos temas. Y aún hoy no tenemos respuesta, y a veces dudo que exista.

Sin embargo, dejando de lado mi rol de madre, y viendo esta perspectiva desde mi rol de empresaria, observo con preocupación las aspiraciones de las nuevas generaciones. Digo preocupación porque es algo tan desconocido para mí que, en ocasiones hasta temor me genera el no saber manejarlo. ¿Será que yo estoy mal, o estarán mal los demás?

Yo fui criada en la generación de la faja como método disciplinario, los papás tenían autoridad sobre nosotros, así como todos los adultos, profesores y jefes. El tener trabajo de joven era un logro y hacíamos todo por mantenerlo. Incluso trabajar y estudiar era la premisa para algún día poder aspirar a ascender en la escalera corporativa. No importaba si se sabían o no mi nombre, debía demostrar que era buena dando más de lo que debía dar y aceptar recibir mucho menos de lo justo, porque al final era una joven y la empresa me estaba dando la posibilidad de aprender.

Pero la mentalidad actual pareciera ser totalmente diferente. A pesar de vivir una crisis económica, a veces siento una “exquisitez” por parte de las nuevas generaciones con respecto a lo que están dispuestos a hacer y no, además de la exigencia no escrita de que, como empresas, debemos hacer grandes esfuerzos por premiar al personal por sus logros y obviar llamar la atención por sus fallos, ya que todo esto podría atentar con su “motivación” y, por ende, preferir no trabajar y no producir a trabajar en “esas” condiciones.

No sé quién tendrá la razón, o si lo correcto está en el medio. Lo que sé que es que existe a veces un choque generacional con respecto a las expectativas de cada grupo, y al ver la forma en la que tratamos de educar a nuestra quinceañera de 7 años, tratando de mantener el justo balance que aún desconocemos, en ocasiones me pregunto cómo serán ella y su generación cuando ingresen al mundo laboral, y si estaremos haciendo lo correcto.

Como escribí al inicio, no tengo la solución, ni siquiera la veo cerca… pero podría ser un tema que, como padres y empleadores, nos tenemos que plantear, ahora y en la siguiente década.

Adriana Álvarez



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