Lunes 24 de Setiembre, 2018

La crisis de la Iglesia Católica del 2018 y las presiones contra el Papa Francisco

12 de setiembre, 2018

Redacción

[email protected]

Hemos llegado a la encrucijada del camino del Pontificado del Papa Francisco, el escándalo mundial por múltiples casos de abusos sexuales por parte de sacerdotes y religiosos.

Lea: Las ventas del Hospital México

Se resaltan dos puntos, el abuso propiamente realizado por sacerdotes y algunos obispos, y el silencio de muchos obispos, superiores y otros clérigos. Lo que implica a determinadas curias diocesanas, superiores mayores y la misma Santa Sede.

El siglo XX y el siglo XXI pasará como el “Tiempo de la verdad”. Por las informaciones diarias, ningún país se salva. Estamos hablando de la Iglesia Católica latina, no conocemos mucho de la Iglesia Oriental y menos del mundo “protestante”.

Ha surgido un clima de desconfianza en el mundo católico achacable a esos silencios

El retomar algunos puntos históricos sobre la “pederastia” es un reto para comunicar objetivamente y sin prejuicios ideológicos. Son las agresiones sexuales, el uso del poder de los sacerdotes y religiosos hacia niños, jóvenes y personas mayores débiles por discapacidad mental y su origen social marginal.

El abuso es un delito, pero mucha gente teme denunciar, otros sacerdotes y obispos se callan, aun teniendo el conocimiento de nombres y apellidos de los abusadores. Muchos de los abusos se han cometido en instituciones de formación: seminarios, noviciados, casas de formación y colegios católicos. El miedo de algunos superiores para tomar decisiones y aplicar medidas correctivas los llevó a guardar “silencio”.

El otro tema que se ha silenciado son las agresiones por parte de capellanes y otros sacerdotes hacia religiosas que están en formación y pequeñas comunidades. La agresión psicológica desde el temor clerical. Las víctimas callan, luego toda su vida religiosa será un infierno, la desconfianza está latente, y los agredidos en muchos casos se vuelven agresores.

Pero no callaré, esto también se dan entre padres de familia. Los abusos sexuales, de padres varones hacia sus hijas e hijos, de hermanos mayores hacia los menores, tíos o “padrinos”. En muchos casos los responsables guardan “silencio” por temor a los superiores. También se callan los responsables de equipos deportivos, esto se conoce por denuncias de abusadores años después, en Estados Unidos y otras naciones. Otra área que debemos tener mucho cuidado con los profesionales en ciencias del quehacer humano y social, es mucho más complicada porque los padres de familia y responsables de niños y jóvenes, tienen confianza en los victimarios y las víctimas de la agresión guardan silencio por miedo.

El encubrimiento es como la costumbre, en algunos casos, los mismos agredidos inician un vicio de chantajear a sus agresores. Esto ha llevado a que muchas personas crean casos ficticios o denuncien casos para obtener ganancias años después. Ven como una mina económica el denunciar agresiones. “En río revuelto, ganancia de pescadores”.

El Papa Francisco en su Carta al Pueblo de Dios del 20/08/2018 nos invita a meditar: “Soy consciente del esfuerzo y del trabajo que se realiza en distintas partes del mundo para garantizar y generar las mediaciones necesarias que den seguridad y protejan la integridad de niños y de adultos en estado de vulnerabilidad, así como de la implementación de la “tolerancia cero” y de los modos de rendir cuentas por parte de todos aquellos que realicen o encubran estos delitos. Nos hemos demorado en aplicar estas acciones y sanciones tan necesarias, pero confío en que ayudarán a garantizar una mayor cultura del cuidado en el presente y en el futuro”.

No es fácil descubrir y llegar a la verdad. Ya que la mayoría de los casos están en la intimidad de las personas, en lo profundo de su corazón, sienten vergüenza de hablar y temor de señalar a los responsables por represalias. En la misma Carta el Papa Francisco nos señala: “Es imprescindible que como Iglesia podamos reconocer y condenar con dolor y vergüenza las atrocidades cometidas por personas consagradas, clérigos e incluso por todos aquellos que tenían la misión de velar y cuidar a los más vulnerables. Pidamos perdón por los pecados propios y ajenos. La conciencia de pecado nos ayuda a reconocer los errores, los delitos y las heridas generadas en el pasado y nos permite abrirnos y comprometernos más con el presente en un camino de renovada conversión”.

No puede existir tolerancia y se debe dar un castigo justo y severo a los abusadores y encubridores, no solo a obispos, sacerdotes, consagrados e incluso a padres de familia, autoridades gubernamentales y líderes de empresas privadas o instituciones sociales que han tenido el abuso como el diario vivir.

“El dolor de las víctimas y sus familiares es también nuestro dolor, por eso urge reafirmar una vez más nuestro compromiso para garantizar la protección de menores y de los adultos en situación de vulnerabilidad” Papa Francisco (Carta al Pueblo de Dios: 20/08/2018).

Prof. Óscar Lobo Oconitrillo



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR