Martes 11 de Diciembre, 2018

Otro milagro, doña Isabel

08 de octubre, 2018

Delia E. Villalobos Alvarez

[email protected]

Hace algunos años, conocí a una mujer de esas que nunca se puede olvidar, por el amor que regala a las personas que se encuentra en el camino.

Lea: Más que celebrar, actuar

Se trata de una enfermera jubilada, no retirada, y pongo énfasis en este hecho, porque doña Isabel desarrolló su vida laboral entre personas con enfermedades mentales, lo que muchos no conocen es que, por años, esta increíble mujer delgada, de estatura mediana, ojos muy claros y pelo rubio, no logró apartar ni su vista ni su amor de las personas con estas condiciones.

Así es, doña Isabel no desiste y tiene puestos sus brillantes ojos y su corazón en las necesidades, la salud y el bienestar que tantas personas con esta discapacidad tienen en su lindo Palmares.

Fue hace algunos años cuando nos topamos con esta mujer y comprendimos muy rápido que vive y se realiza al hacer por los demás.

De pocas palabras, pero firme en sus convicciones, evidenció que había edificado una casa para personas con enfermedades mentales abandonadas por sus familias y por la sociedad.

Un grupo de personas que requería compromiso, disposición sin límite de horas ni de días, tolerancia y cantidades inmensas de afecto para ofrecer terapias de tanto que nunca habían experimentado.

Agregó además con lenguaje sencillo, pero preciso, que también se requería un centro para que muchas personas de 18 a más de 60 años con diversas discapacidades de tipo intelectual trabajaran la autonomía para encontrarse con montones de oportunidades que por años, como por acto de magia, se habían escondido.

Un centro donde cada persona, por difícil que fuera su condición, descubriera que se puede aprender, que se puede decidir, que se puede divertir, que se pueden tener capacidades y sentirse muy feliz.

Doña Isabel, como es usual en ella, buscó aliados, recursos humanos y materiales y un lugar que una organización amiga le facilitó; demostró que todo es posible y que, con trabajo voluntario, altas dosis de esfuerzo y la motivación al máximo, se puede hacer realidad cualquier meta propuesta.

Esta mujer dibujada por la sencillez, de apariencia serena, con el motor que lleva por dentro y que de fijo Dios le instaló, sin abandonar trámites, papeleos ni coordinaciones, logró que a 100 metros del Templo de Santiago de Palmares se edificara el Centro para la autonomía de las personas con discapacidad.

Son más de 40 hombres y mujeres que lucen caras de felicidad, esperanza, motivación y muchas ganas de estrenar estas cómodas instalaciones: ventiladas, con buena luz y los últimos estándares de las construcciones que se hacen en nuestro país.

Son las que ellos merecen para experimentar dignidad, derechos, independencia, autonomía, afecto y mucho más.

Doña Isabel, otro de sus sueños se hizo realidad gracias al trabajo, la incomparable empatía, la convicción para contagiar a los demás, para expresar lo que otros necesitan y no pueden explicar, por la incansable disposición que, sin descanso, está dispuesta a dar.

Usted nos enseña que los milagros existen, que muchos ángeles viven cerca de nosotros y que la vida puede cambiar compartiendo el amor por tantos que tienen muy poco.

Solo así usted y yo podremos vivir más y vivir mejor.



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR