Domingo 18 de Noviembre, 2018

Algunas reflexiones sobre la pobreza

06 de noviembre, 2018

Bernal Monge Pacheco

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La pobreza es una epidemia que afecta a millones de personas en nuestro planeta. En el mundo, 1.400 millones de personas sufren pobreza extrema y casi 900 millones sufren hambre, no tienen acceso al agua potable y a otros servicios básicos como la salud y la educación.

Algunos factores que influyen directamente en la pobreza e impiden el desarrollo de los países son la corrupción, que disminuye la asignación de recursos hacia servicios sociales de los que se beneficiaría la población, el cambio climático debido a que las sequías constituyen la causa más común de la escasez de alimentos.

Cada vez más tierras fértiles sufren de erosión y desertificación. Así como desigualdades en el reparto de recursos de capital, infraestructuras o recursos. A veces, no todas las personas de una sociedad pueden utilizar por igual este tipo de recursos, así como el crecimiento de la población. En el año 2011, la población mundial era de 7.000 millones de personas.

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Ahora, la previsión es que en el año 2050 aumente hasta rebasar los 9.000 millones, según el Fondo de Población de la ONU. Este crecimiento del número de habitantes del planeta inevitablemente contribuirá al aumento de situaciones de desigualdad, si no tomamos medidas para poner freno a las causas que provocan la pobreza en el mundo. Respecto a la pobreza en Costa Rica, se establece que, desde hace años, la pobreza afecta a un 20% de los hogares, y en algunos años se ha superado ese 20 %.

La última Encuesta de Hogares determinó que la Pobreza en Costa Rica se elevó a 21,1% de los hogares. Aunado a la problemática que las promesas de los partidos políticos para reducir la pobreza no se llegan a cumplir, al asumir el Gobierno, entre otros aspectos porque son superficiales, sin los adecuados estudios y muchas de las promesas no tienen el adecuado sustento económico, es decir, no se cuenta con los recursos para cumplirlas.

No se ha logrado que las políticas sociales tengan efecto sobre la pobreza, la distribución del ingreso y mejores oportunidades para los pobres, debido en parte a exceso de burocracia y los costos que ello conlleva, aunado a que existen más de 20 entidades que ejecutan programas para combatir la pobreza y sus resultados son muy deficientes.

En los informes del Estado de la Nación se ha señalado “que las buenas oportunidades generadas por el crecimiento económico se distribuyeron de manera desigual: nuevamente se registró un crecimiento de la desigualdad de ingresos, su concentración en sectores minoritarios y su deterioro en la desigualdad en la distribución del ingreso, cualquiera que sea la forma de medirla, continúa incrementándose y mostrando una clara concentración en los grupos más adinerados”.

Más allá de los fracasos en los programas para disminuir la pobreza, los sectores sociales menos favorecidos, es decir los pobres de las ciudades y del campo, comenzaron a concebir al Gobierno como una fuente de donaciones económicas, es decir, una instancia capaz de garantizarles el progreso por la vía de sus obras, sus subsidios, sus dádivas y sus acciones, encaminada hacia la redistribución de la riqueza.

Uno de los aspectos en lo que más han fallado los programas sociales, es en concebir la pobreza solo desde el punto de vista económico, cuando deberían considerarse aspectos como la educación, que es el motor para salir de la pobreza, los valores y enfoques integrales que impliquen empleo, vivienda, salud, tierra, producción y mercado de los productos en el caso de los pobres de las zonas rurales.

Asimismo, se determina una gran falta de capacidad de ejecución de los entes del sector social, no se logra mucho con hacer buenos planes si estos no se ejecutan, por lo que las entidades deben enfocarse a resultados y a obtener productos y servicios eficaces para realmente disminuir la pobreza.

Una respuesta adecuada sería conseguir altas tasas de crecimiento económico y al mismo tiempo asegurar que los pobres puedan participar de dicho crecimiento, es decir lograr el desarrollo económico.

Es tiempo de que, como sociedad, partamos de la premisa de que la pobreza -cualquiera que sea su magnitud- ha dejado de ser éticamente aceptable, al igual que la esclavitud. La erradicación de la pobreza en Costa Rica es un deber ineludible e impostergable y también la reducción de la desigualdad. “Una casa dividida contra sí misma no puede mantenerse”, advertía Abraham Lincoln.

También conviene tener presente lo que indica Antonia Muñoz: “Dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá todos los días. Así reza un proverbio chino cuya sabiduría es innegable cuando aconseja que a los hombres y mujeres de un país se les debe enseñar a trabajar para que puedan procurarse sus alimentos todos los días”.

Obviamente, trabajar también le permitirá a todo hombre o mujer cubrir sus necesidades básicas, y así vivir una vida digna con el producto de su trabajo. Se ha presentado una disminución en la parte de renta global del 2,3% al 1,4% que corresponde al 20% de la población más pobre del planeta, frente al aumento del 70% al 90% que ha registrado el 20% más rico.

El sistema económico y social en el que vivimos se basa en la desigualdad por lo que el 5% de las personas más ricas del mundo poseen 114 veces los ingresos del 5% más pobre.



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