Domingo 16 de Diciembre, 2018

Plan fiscal vuelve al Congreso

03 de diciembre, 2018

Luis Fernando Allen Forbes

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El proyecto Ley de Fortalecimiento de las Finanzas Públicas busca incrementar los tributos porque los impuestos constituyen la principal fuente de ingresos del Estado y se utilizan para sostener el sistema de salud, educación, infraestructura, y obra social, garantizando un Estado de bienestar más robusto.

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Impulsar una reforma tributaria verdaderamente estructural es un reto colosal para cualquier gobierno porque requiere contar con mayorías amplias en la Asamblea Legislativa para garantizar su trámite y además tener suficiente tiempo para implementarla durante los años de mandato.

En los últimos gobiernos, incluyendo el actual, ha sido imposible tramitar ese proyecto. No obstante la Sala Constitucional sorprendió con la decisión de enviar el borrador nuevamente al Congreso, donde su aprobación es casi un hecho.

En este contexto la reforma tributaria, tal como ha sido planteada por los diputados, estará enfocada en el consumo mediante el IVA, extendiéndolo a la canasta básica y las rentas del trabajo, y otras medidas como reducción de pensiones de lujo, etcétera.

Está claro que estos son impuestos regresivos porque gravan al ciudadano común, su trabajo o consumo. Lo que al final disminuye el ingreso disponible de los hogares, afectando el comercio y la industria por la vía de menor consumo.

Cabe mencionar que un déficit fiscal en crecimiento provoca presión sobre el financiamiento nacional, esto es el riesgo de caer en una severa inestabilidad económica y quizá social si no se presenta un plan a mediano y largo plazos, cuyo objetivo sea sanear las finanzas públicas para corregir ese desequilibrio financiero.

Sin duda alguna el Estado debe ser creativo e innovador y darse cuenta que no puede vivir únicamente de la subida de los impuestos porque hogares y empresarios tienen un límite en su capacidad de tributación, que la solución está en reducir los niveles de evasión y en contener el gasto que no es de inversión.

No obstante, más allá de que este nuevo rumbo fiscal esté o no justificado, por disparar los tributos considerados nocivos y perjudiciales para la economía, es importante resaltar que los tributos más distorsionadores y por tanto desfavorables para la actividad económica son los que se aplican sobre el capital (sociedades y ahorro) y las cotizaciones sociales, mientras que los menos dañinos son los indirectos (consumo).

El déficit fiscal es uno de los peores enemigos del desarrollo y las finanzas públicas han sufrido un deterioro sistemático y progresivo que ha afectado variables macroeconómicas sensibles, como son el crecimiento del PIB, inflación, devaluación y tasas de interés.

Finalmente, los ingresos tributarios actuales, así como el endeudamiento excesivo y los niveles sin precedentes de deuda pública, han limitado los recursos financieros, lo que supone que la política fiscal tiene que lograr más con menos recursos.

 



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