Domingo 24 de Marzo, 2019

¿Planes o expectativas?

12 de enero, 2019

Paula García

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En el nuevo año, es común plantearse las famosas metas que en ocasiones para mitad del ciclo tenemos olvidadas. Soñamos con cumplir esto o aquello, al papel le ponemos de todo y más cuando al final aguanta lo que sea, qué más da.

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Justamente esa lista es el problema y, en muchos casos, la razón de depresiones, frustraciones o estancamiento. En realidad, lo que esté ahí escrito consiste en una lista de expectativas. Y las expectativas son muy diferentes a nuestros planes.

Las expectativas son cosas que esperamos, una construcción imaginaria de lo que pensamos que será o de cómo pasará algo o de qué voy a hacer en una situación. Por eso, si el resultado es diferente de lo que se espera, la frustración, tristeza y sensación de imposibilidad se intensifica.

Por el contrario, los planes nos obligan a trazar rutas, a pensar en otras alternativas en caso de que lo planeado no funcione y aunque pueden aparecer la frustración y la tristeza se darán en menor intensidad porque cuando planeamos medimos, calculamos y asumimos responsabilidades.

Planear implica una serie de precauciones y condiciones, por lo cual pocas personas deciden hacer una lista de planes. En primer lugar, usted debe decidir su objetivo, no su meta. Al elegir un objetivo, usted deja la puerta abierta a muchas posibilidades. En cambio, si se pone una meta, significa que, si el resultado final es diferente al esperado, aun cuando fuera mejor de lo que quiere, se sentirá insatisfecho.

Una vez decidido su objetivo, debe pensar en qué tan real, probable y qué herramientas físicas o emocionales necesita para alcanzar eso y cuáles tiene y cuáles le faltan. Cuando tiene esto claro, podrá entonces empezar por buscar lo que le falta para poder entonces trabajar en su proyecto.

Una vez con todas las herramientas, podrá comenzar su labor y entonces ver opciones, hacer alianzas, crecer, aprender, caerse, fracasar y triunfar; la mezcla de lo anterior lo hará más fuerte y conforme vaya avanzando podrá ver si puede o no alargar o acortar el plazo que se puso a usted mismo.

Altas dosis de paciencia, tolerancia y ganas de aprender le llevarán a descubrir que de pronto no era eso o era más que lo planeado lo que quiere y deberá hacer pausas para replantearse.

El problema aparece cuando la sociedad le recuerda cada tanto que todo es rápido, exprés, todo es a lo loco y usted, con tal de cumplir no solo sus expectativas sino las del resto, termina por sentirse un perdedor.

En este año que recién comienza, le propongo un reto: deje la lista que hizo de lado, medite un poco qué quiere, qué necesita y qué tiene para lograr eso que quiere. Bájese de la nube, deje de cumplir los deseos del mundo y enfóquese en usted para entonces, y solo entonces, poder planear su año y así se dará cuenta de que podrá ayudarse no solo a usted mismo, sino a su entorno.



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