Martes 17 de Setiembre, 2019

Envejecer más que hábitos y conductas

21 de enero, 2019

Delia E. Villalobos Álvarez

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El envejecimiento es una construcción que integra no solo cuidados para la salud física sino también para la salud social, emocional y mental. Cada persona puede cambiar conductas y hábitos que podrían aumentar no solo la expectativa de vida, también la calidad con que se vivan esos años de más.

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Por ello, inicio con lo esbozado por el análisis de Baltimore que comenzó en 1958 Nathan Shock a modo de estudio longitudinal, que permitió observar la salud de las personas mientras envejecían.

La investigación transcurre en la actualidad con el auspicio del Instituto Nacional del Envejecimiento de Estados Unidos con indagaciones y participación de personas de 20 a 96 años sometidas a múltiples pruebas que han logrado evidenciar, “que el envejecimiento y la enfermedad no siguen el mismo proceso”.

Destacan los investigadores “que envejecer de forma saludable no constituye una supuesta utopía, sino un objetivo al que podemos aspirar”.

Muchos son los programas y las actividades que con insistencia tratan de convencer que se trata de tomar decisiones, de armarse de voluntad para comer invitando a los colores a nuestra mesa y cortando con alimentos cuyos aportes son nulos y más bien roban salud.

En opinión de Saíz apostar por la dieta mediterránea, además de incluir alimentos como germen de trigo, frutos secos, frutos rojos que tienen antioxidantes, así como la omega 3 presente en pescados azules y nueces, para prevenir la grasa en las arterias, las enfermedades cardiovasculares y mantener la memoria; juegan un papel destacado en esa construcción que debe tener importancia fundamental para vivir mucho años.

De igual manera, se recomienda invitar con mucha frecuencia al ejercicio físico que provee la energía necesaria que se ocupa para retar las actividades de la vida diaria, el optimismo que permite dejar en el camino depresión y tristeza, mantener a raya esas enfermedades que en épocas muy productivas se nos pegaron para desequilibrarnos de diversas maneras.

Para recabar más argumentos que refuercen los cambios que acompañen el envejecimiento con calidad, veamos que pasa en el pueblo japonés de Ogimi en Okinawa, descrito por Torrijos en el Periódico El País como el lugar real que más se parece a un paraíso: alberga la concentración de centenarios del mundo más amplia, son personas que disponen de buena salud y agrega la autora: “viven en un clima subtropical de vegetación exuberante frente a las aguas que adquieren tonos turquesas en esa zona del océano Pacífico que baña sus playas”.

Nos deleita Torrijos al describir que las personas adultas mayores de este esplendoroso lugar delatan la longevidad con la “conjunción de ciertos genes y en varios elementos clave que conectan mente, cuerpo y espíritu: alimentación adecuada, práctica habitual de ejercicio y una vida tranquila y con sentido espiritual”, pero además, impresiona que personas con tanto camino explorado gocen de las relaciones sociales y las situaciones cotidianas en las que insisten experimentar un inigualable encanto por la vida.

No cabe duda de que envejecer requiere amar la vida, superar el sobrevivir por vivir al máximo, aprovechar oportunidades, espacios y todo lo que permita descubrir, aprender, sorprenderse y encontrarse con gente cargada de sabiduría, hablar de tanto que no cabe en ningún saco y cargarnos de ilusiones, disfrute, alegría y esas emociones que aceleran la vida.

Sólo así usted y yo podremos vivir más y vivir mejor.


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