Lunes 18 de Noviembre, 2019

Que sean uno

30 de enero, 2019

Juan Luis Mendoza

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Jesús se refiere concretamente a sus seguidores, a los cristianos, en la que se conoce como la oración sacerdotal: “Que ellos sean uno, como tú y yo somos, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Juan 17,21).

A la vista de la desunión, resulta un reclamo, que alguien califica de “angustioso” para que los que creemos en Jesús nos esforcemos en la búsqueda y el logro de la unidad como él nos lo pidió en la Última Cena y nos sigue pidiendo ahora. Y esto no solo en circunstancias especiales, como el octavario por la unión de los cristianos o en determinadas reuniones ecuménicas sino siempre y en todas partes.

Y, claro, a la súplica hay que añadir la práctica de esa unidad, especialmente en el amor, en las “obras que son amores” y que podemos realizar juntos. Al fin, el amor ha de ser lo que nos una, aunque nos falten aún algunos acuerdos en las creencias concretas. Somos cristianos: unos católicos, otros cristianos no católicos. Por lo mismo, contraponernos favorece la desunión. Y ha de ser, además del amor y en todo caso, Cristo (de donde viene “cristianos”) quien nos una.

Lea: La unidad

El Padre Cándido Martín tiene un apartado en uno de sus libros con el título “Todos, cristianos”. Ahí está el arranque y ahí el fin. Y, sin desestimar la oración, explica que el ser todos cristianos “significa que, despiertos y preocupados por todos nuestros hermanos, a este Dios que te llama, que recoge y realiza tus sueños, que te unifica y en su Vida te integra, es a quien tienes que llevar a todos, para que todos tus hermanos vivan, tengan, gocen, sin miedos ni angustias, su Amor, Vida y Cielo”.

A propósito de la unidad, no hay que perder de vista que una cosa es la religión y otra la fe, y que lo importante es vivir desde la fe; que la unidad no es uniformidad; que en todo ello entran culturas y costumbres; que hay que cuidarse de uniformes, reglamentos, tradiciones…

El mismo autor inmediatamente citado se explica así: “No, todas estas cosas ni son unidad, ni vale la pena que sean obstáculo alguno que estorbe nuestra posibilidad de sentirnos, de vernos, un día, y no lejano, unidos a todos los cristianos. Lo que a nosotros, los cristianos, nos puede y tiene que unir, es nuestra fe en Jesucristo y en el Dios de nuestro Señor Jesucristo.

Este es el punto nuclear, la condición 'sine qua non', que dicen los latinos, 'sin la cual nada' podemos hacer. Pero, por suerte y dicha, todos los cristianos creemos en Cristo, y todos los cristianos tenemos por Dios, al Dios de nuestro Señor Jesucristo, para así poder un día no lejano, gritar al mundo que cuantos nos llamamos y somos cristianos estamos, por fin, unidos”.

La unidad de los cristianos se hace y se seguirá haciendo en torno a Jesús y el “Dios de Nuestro Señor Jesucristo”, según se nos va revelando en la Biblia, pero y especialmente en el Nuevo Testamento y, más en concreto, en el Hijo.

Con respecto al Antiguo hay que cuidarse, y mucho, con lo que se conoce como “antropomorfismos”, es decir atribuir a la Divinidad sentimientos y actitudes propios de la humanidad: un ser tiránico, justiciero, vengador, exigente, duro, violento, castigador… No pocos cristianos andan dentro de sí con la tal inaceptable imagen que tanto mal ha hecho y sigue haciendo.

Hay que leer el Antiguo Testamento a la luz del Nuevo, o, lo que es lo mismo, a la luz de Jesucristo que, con su ser y actuar, nos revela al “verdadero” Dios, Creador y Padre. Y esto enseñado en las familias, las iglesias, las catequesis…

Nuestro Dios, el de Jesucristo y su Evangelio, es el que nos busca misericordioso y que lo que desea es que seamos felices, que ama a todos y muy especialmente a los que yo llamo las “tres pes”: pequeños, pobres y pecadores, que da perdón y vida, gloria y felicidad, que nos acompaña constantemente. Y ahí es donde Dios, Creador y Padre, nos une por medio del Hijo Jesucristo: “Dios nos ha hecho conocer el misterio de su voluntad, el benévolo designio que Él se propuso de antemano, para realizarlo en la plenitud de los tiempos: reunir a todo el universo bajo una sola cabeza, Cristo” (Efesios 1,8-10).

Así, pues, a volver sobre estas ideas renovadoras, armados unos y otros, cualquiera sea la denominación cristiana, de la mejor voluntad para reunirnos poco a poco y definitivamente en torno a nuestro mismo Maestro y Salvador.



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