Martes 20 de Agosto, 2019

María y la unidad

06 de febrero, 2019

Juan Luis Mendoza

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La unidad de los cristianos, siguiendo un escrito anterior. Y María como una de las dificultades que se oponen a esa unidad entre unos y otros, ambos seguidores de su hijo Jesucristo. Y esto y como lo nota el Padre Cándido Martín, “quizá porque a María y sin saber por qué, la hemos levantado a las alturas de los dioses, la hemos situado en las galaxias divinas. Como me decía una de esas devotas “rabiosas” de María que nunca faltan. “María –me decía- es como Dios; se entiende –matizaba- que por gracia, no por naturaleza, pero eso sí, igualitica a Dios”.

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De ahí esas manifestaciones que podíamos catalogar como desmedidas de ciertos católicos en su devoción a María, y tan malinterpretada por los cristianos no católicos, por lo mismo o por otras motivaciones. Todo ello no ha ocurrido de la noche a la mañana, sino que se han ido dando poco a poco, y hasta nuestros días, en los que ciertas “tradiciones” se convirtieron en “dogma”.

En todo caso, y como lo enseña el Vaticano II, en el documento sobre el Ecumenismo, no todos los dogmas tienen igual valor. A la luz de esa afirmación, nuestro teólogo, a quien citamos frecuentemente, observa que “entonces algo se clarifica el problema.

Están los dogmas que todos tenemos que aceptar; los hay que se pueden dejar al buen parecer de los cristianos, sin que eso impida el que en una comunidad cristiana nos cobijemos todos. Y dogmas que retirándolos de la circulación, nadie pierde nada, y la unidad, hasta salga ganando”.

Y hablando de dogma, ¿qué decir de la predestinación y María? En general, nuestro autor advierte: “Y digo que los dogmas que a María se refieren pudieran quedar todos, y muy bien quedados, como dogmas de segunda categoría, como dogmas que quien quiera los acepte y los crea; y quien no quiera, los deje, sin necesidad de que tenga que dejar la familia cristiana, la Casa de Dios, la comunidad de los que creemos en Jesucristo Nuestro Señor, de los que adoramos como Dios, al Dios de nuestro Señor Jesucristo. Y todo esto, en ese exquisito respeto que todos debemos aprender a tenernos”.

En todo caso, no echar en olvido la advertencia del mismo Padre Cándido Martín: “Para responder a nuestra fe con la vida, no son suficientes las fórmulas de fe. Las fórmulas, como las estructuras, son necesarias, pero cuantas menos mejor.

Lo importante siempre será, nuestra vida de fe”. Y añade: “Esta tarea de llevar nuestras vidas a Dios y que en la Vida de Dios discurran, necesita menos de fórmulas, menos de estructuras y más de comunión, más de vida y de unidad. Todos queremos vivir nuestra fe, vivir nuestras vidas cristianas en profundidad; y es en esa profundidad de Dios, que daremos con la Unidad. Es en Dios en quien se vive toda fe, y se unifican todas las vidas”.

En efecto, es desde aquí que nos corresponde a los cristianos católicos o no, mirar y vivir el problema de la unidad. Si, cada cual por su lado, todos no vivimos la vida verdaderamente cristiana, si no vivimos desde la fe, la unidad, la auténtica, es imposible.

Todos los cristianos nos hemos de esforzar por vivir unidos; pero ya sabemos que es sólo en Dios, abriéndonos a Él mediante la fe y el amor, para vivir su misma Vida divina, la que nos trajo su Hijo, en el que somos sus hijos, y entre nosotros, hermanos unidos a María y a los santos del cielo y los de la tierra.

En un próximo escrito, Dios mediante, me refiero más en particular al tema de la predestinación.



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