Jueves 18 de Abril, 2019

Costa Rica, naturaleza y maravillas

11 de febrero, 2019

Delia E. Villalobos Álvarez

[email protected]

Por sugerencia de Ricardo y Ángeles Alcántara, queridos amigos mexicanos, visitamos el Parque Manuel Antonio en Quepos. Insistieron en que mucha de la divulgación turística de este pequeño pero encantador pedacito de planeta se refería a este parque y tenían gran curiosidad por visitarlo.

Lea: Me encantó

Sin pensarlo dos veces tomamos la pequeña maleta y decidimos compartir la aventura con estos apreciados amigos que siempre regalan energía, cariño, bendiciones y toneladas de sonrisas.

El camino recorrido fue el escenario perfecto: sol, viento fuerte para refrescar, cielo dibujado por nubes plateadas de diversas formas, música para recordar y montones de anécdotas para rememorar y ponernos al día de tanto que ha sucedido.

El camino y las ganas de terminar con el ayuno nos detuvieron en un pequeño, pero hermoso lugar que nos deparó un desayuno delicioso entre risas y conversadas con las simpáticas personas que nos atendieron.

Emprendimos de nuevo el camino y el mar se unió al viaje acometido: la calma, la naturaleza, no cesaban de insistir en acompañarnos para que el disfrute fuera mayor.

Por fin Quepos y el Parque Manuel Antonio se exponían orgullosos frente a nosotros para invitar a lo mejor de este episodio; más sol, temperatura más alta, brisa fresca y una impresionante naturaleza confabularon para confeccionar el escenario perfecto, empezar a caminar en su interior y descubrir que este pedacito de tierra está repleto de maravillas que permiten desconectarse de tanto que nos reta e insiste en robar mucho de lo que se puede disfrutar.

Entre turistas nacionales y de muchos países, empezamos a transitar los senderos bien confeccionados del Parque y a experimentar el interior de la naturaleza que con gran recelo resguarda Manuel Antonio; la señalización, las aves, los árboles, los cariblancos y muchas especies más parecían convidarnos a la travesía.

Los senderos obligaban a detenerse para que los visitantes se abastecieran de agua, usaran los servicios o simplemente se acercaran más a los animales que no dudaban en mostrar la hospitalidad, eso sí, dejando claro quiénes son los dueños del entorno encantador que constituye la reserva.

Reanudamos el paseo, algunos trayectos más estrechos, de tierra, pero accesibles, nos acercaban a paisajes ni siquiera sospechados: sorprendentes playas que permanecen tranquilas, sin ningún daño.

El paisaje de repente recogió más brillo, más colores, más quietud, conformaba una especie de golfo que invitaba al sosiego, al descanso, la placidez y la ansiada serenidad.

Con una gran atracción impedía quitar los ojos del horizonte, los troncos empujados por el mar y puestos cuidadosamente como por un afamado decorador, convidaban a sentarse y simplemente a disfrutar y recoger en fotos ese lugar extraordinario para compartirlo con los que no han tenido la dicha de estar ahí.

Pero eso no fue todo, de vuelta por senderos de arena, caminamos otro sector de esa reserva junto al mar y descubrimos más rincones, más playas, más óleos, más tonos, más páginas, material para escribir una novela de todo lo que la naturaleza es capaz de regalar, de alegrar y celebrar.

Costa Rica tiene rincones increíbles, lugares de fantasía, vistas de ensueño, solo hay que llegar ahí, disfrutar y encantarse, reconocer los milagros, la mano de Dios, para vivir más y vivir mejor.



Noticias relacionadas

VEA MÁS