Lunes 25 de Marzo, 2019

El gobierno local leído desde una perspectiva ciudadana

21 de febrero, 2019

Sergio Araya Alvarado

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El dos de febrero de 2020, por segunda vez en la historia política de Costa Rica, las y los ciudadanos habilitados para ejercer el voto están convocados a las urnas para elegir a la totalidad de autoridades municipales cuyo mandato proviene de la decisión del Soberano.

Lea: Proceso electoral municipal: más allá del 2 de febrero de 2020

La participación debe ir más allá de hacerse presente al centro de votación correspondiente y cumplir mecánicamente con los procedimientos establecidos en el ordenamiento jurídico respectivo.

Es usual, en otras partes del mundo, que el gobierno local resulte más importante para la vida diaria de la ciudadanía que las instancias de poder nacionales o regionales.

Es en lo local donde la cercanía del gobernante con sus gobernados es real y tangible, siendo por ello el espacio idóneo para un ejercicio activo de la ciudadanía, entendiéndola más allá de la reducida visión de emisión del voto en cada elección y ampliándola a un rol protagónico, donde se incluyan funciones propositivas y de control continuo del accionar de las instituciones de poder formales.

Ciertamente para la persona del barrio es más fácil identificar a su Alcalde, al Regidor que le representa en el Concejo Municipal o al Síndico que alza la voz en su nombre, tanto en la Municipalidad como en el Concejo de Distrito respectivo.

Y es esa proximidad la que faculta intervenir de manera más directa y permanente en los asuntos relacionados con el desarrollo integral de su entorno inmediato.

Puede decirse sin vacilación que es en lo local donde más se vivencia el espíritu de la democracia. Pero esta oportunidad comporta a su vez profundos y delicados desafíos.

El actual régimen municipal imperante en Costa Rica no goza del apoyo masivo de la población. Antes bien en los distintos estudios de opinión aparece ocupando los últimos lugares en términos de respaldo y credibilidad social.

Es común escuchar a la gente criticar el accionar de su gobierno local, al cual además solo se le vincula con actividades y servicios puntuales como la recolección de desechos; la reparación y mantenimiento de caminos vecinales y el ornato de parqueos. Y esto en el mejor de los casos, porque, para un segmento considerable de la ciudadanía, esta instancia de gobierno es sinónimo del pago de impuestos, tasas y patentes municipales, sin que se tenga clara conciencia del destino de lo recaudado.

El desinterés mayoritario en torno a lo municipal explica el porqué pocas personas tienen alguna idea de lo que ocurrirá en febrero de 2020.

La desafección e irrelevancia social relacionada con estos asuntos no hace distinción de edades, género o posición socioeconómica. Ello explica en parte la baja tasa de participación electoral mostrada por los comicios municipales, con respecto a su equivalente en las elecciones nacionales, arrojando datos prácticamente invertidos. Así, mientras en febrero de 2018 hubo una media de participación de alrededor del 65%, dos años atrás, ese número porcentual marcaba lo opuesto, es decir la tasa de abstencionismo promedio.

Ante este panorama complejo, el hecho de que estos comicios se hagan de forma independiente de los procesos electorales nacionales sigue justificando la posibilidad  de potenciar en el imaginario social del costarricense, el valor del llamado poder público local. Aprovechar de manera positiva esta posibilidad exige un compromiso de todos los actores, políticos y sociales del país.

El Tribunal Supremo de Elecciones, a través de su brazo formativo el Instituto de Formación y Estudios en Democracia (IFED), cumple de manera rigurosa y eficiente su papel. Por una parte organiza en forma límpida, transparente y segura los comicios venideros, tal y como ha sido su marca desde su creación a finales de los años cuarenta del siglo anterior.

Adicionalmente a ello, el órgano electoral promueve, a través de su programa Votante Informado, políticas, estrategias y acciones tendientes a dotar de mejor y oportuna información a la ciudadanía, que les motive y haga participar en las justas electorales.

Organismos de cooperación casados plenamente con el significado de lo local para la democracia apoyan decididamente este tipo de iniciativas. Pero en este esfuerzo los operadores del proceso, especialmente los partidos políticos y sus candidatos, deben jugar un rol determinante.

La confianza y la empatía con el régimen municipal pasa por la calidad de quienes lo conduzcan. Ello exige entonces a los partidos comprometerse con la detección y escogencia de lo más selecto de su membresía para que les representen como candidatos a los más de 6 mil puestos en disputa.

Esto también supone que la oferta programática electoral presentada al electorado sea viable, oportuna y capaz de interpretar fielmente sus necesidades, demandas y expectativas.

En ese apartado, construir una propuesta aterrizada y realista supone tener una visión clara del estado actual del cantón o del distrito que se pretende gobernar. Con el aporte de  documentos como el Fichero Cantonal producido por el IFED, tal premisa se puede cumplir a cabalidad.

Supone también un compromiso para los  representantes de los medios de comunicación.

Su alcance, conexión y legitimidad social los hace actores vitales en este esfuerzo por aprovechar las elecciones municipales para potenciar mejores gobiernos locales y con ello, coadyuvar al fortalecimiento del sistema democrático global.

Hacer de los próximos comicios municipales un hecho mediático y favorecer espacios de discusión y reflexión en torno al valor simbólico que poseen para el marco institucional democrático del que forman parte, son acciones que los medios de comunicación pueden desarrollar de manera efectiva y que son concordantes con su razón de ser.

Pero el protagonismo mayor debe ser asumido desde la ciudadanía.

Cada persona, en su condición de munícipe responsable, está llamada a generar un vínculo de arraigo con el sitio donde reside. Ello implica preocuparse y ocuparse de lo que acaece en su entorno espacial inmediato, siendo un primer paso en esa dirección, asumir con más interés, rigurosidad y amplitud, su rol de elector.

Informarse de las características y competencias del gobierno local, de las atribuciones de cada uno de sus integrantes, así como del estado actual de la gestión de las autoridades en funciones, se complementa con el conocimiento y contraste crítico de las propuestas ofrecidas por los distintos partidos políticos que aspiren a asumir funciones políticas en su municipalidad. Planteamientos que combinan ofertas programáticas y candidaturas específicas a los distintos cargos en disputa.

Darle a lo local el espacio que merece en el sistema institucional democrático, redundará en una mejor y más auténtica democracia.

 

 



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