Lunes 13 de Julio, 2020

Co-parenting cuando reina el odio

01 de marzo, 2019

Fernanda Coblentz

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Co-parenting o copaternindad es el término que se refiere a la situación en la que dos o más adultos comparten las responsabilidades de criar a una niña o niño. Básicamente es la utopía de la maternidad, algo que a veces parece completamente imposible e inlograble, más cuando una odia a la otra persona con quien se supone que debe compartir dichas responsabilidades. O si, por ejemplo, una es super obsesiva como yo y quiere las cosas hechas de una sola forma.

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El co-parenting no es necesariamente entre mamá y papá, sino también entre mamá y abuelo, dos madres, esencialmente, cualquier persona que esté tan dispuesta como una a embarrarse de la crianza del infante. Y es completamente diferente que una relación de pareja, porque es un tipo de relación que se centra únicamente en el niño o niña.

En mi caso, el papá de Ale y yo habíamos fallado horriblemente en co-parenting, nuestra forma de criar a Ale era más como yo regañando al muchacho y dándole órdenes y él desapareciendo por meses porque estaba harto de que lo reprendiera como si tuviera 5 años. Una forma de crianza completamente tóxica, inservible y muy inmadura, para ser honesta. En esos tiempos primitivos de nuestra crianza, Ale sufría, yo vivía queriendo estallarle las llantas del carro y él de fijo quería mandarme para la miércoles aunque fuera sábado.

Pero hace un tiempo para acá he podido reconocer que muchas veces era yo quien no permitía que esta forma de crianza fuera una realidad en mi vida y la de mi hijo. Me dejé influenciar por frases como: “si él no paga el fútbol que no lo vaya a ver”, “no puede dejar que se lo lleve, ni ropa extra tiene” y además le teníamos apodos muy feos que estoy segura mi hijo escuchó en algún momento. Uno de mis mayores fallos como madre ha sido distorsionar la imagen de su padre porque, me guste o no, solo tiene uno, entonces debería poder ser una imagen y un ejemplo saludable.

He aprendido que hay más de una manera de hacer bien las cosas, el papá de Ale me ha enseñado que está bien equivocarse, que está bien divertirse, que no pasa nada si el paño que le compró para natación es uno de los que se usan para secar los carros. Ambos compartimos con Ale, ambos lo llevamos a fútbol, los dos nos estamos aguantando los berrinches y ahora hasta están estudiando matemáticas juntos.

¡El poder confiar en que mi compañero de crianza, que ama a Ale tanto como yo y que se está esforzando igual que yo para que Ale sea un niño de bien, me ha dado tiempo libre! Y ese es el mejor regalo que he podido tener en mis casi 9 años de maternidad, ayer, por ejemplo, pude bañarme y durar más de 10 minutos. Ese tipo de felicidad no tiene precio. Dejemos de lado el odio y el prejuicio a los padres, ellos son tan capaces como nosotras, hay que intentar aceptarlos como son, de vez en cuando una puede desquitarse con las llantas del carro o mandándolo a las fiestas que son en trampolines, pero no con los hijos.



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