Miércoles 15 de Julio, 2020

No fomente la mentalidad del “pobrecito”

02 de marzo, 2019

Paula García

[email protected]

En la Terapia Gestalt, el concepto de responsabilidad resulta vital porque busca que cada persona se haga cargo de lo que le pasa, lo que siente y lo que decide, para que de esta manera sea capaz de asumir las consecuencias.

Lea: Señales que pueden prevenir un suicidio

El problema es que, actualmente, la responsabilidad se confunde con obligación, porque las personas creen que les corresponde cumplir con ciertos requerimientos y se pasan quejando de lo que les ocurre, lo que no tienen o lo que otros les hicieron.

Pareciera como si pensaran que los demás tienen la culpa de sus problemas, su condición económica, sus carencias afectivas, entre muchas otras situaciones. Sin embargo, no hay culpables sino irresponsables. Aunque esa es una palabra dura que a nadie le gusta, “irresponsable” es aquella persona que no mueve sus recursos para solucionar, o al menos buscar opciones de solución a sus problemas.

Vivimos con la idea del “pobrecito”, esa mentalidad tóxica que nuestra idiosincrasia nos han enseñado, a apoyar y justificar al que parezca más quejoso y sufrido, cuando eso más bien impide que esa persona se responsabilice de lo que le esté ocurriendo.

La “mentalidad de pobre” no tiene que ver con el dinero, se trata de un estado mental, porque una cosa es la falta de dinero o recursos y otra muy distinta ser pobre. La persona que tiene carencias busca opciones, pide ayuda, pero él o ella desea encontrar una solución al problema, por lo tanto, se esforzará en mover sus recursos físicos e intelectuales, lo cual constituye un indicador de buena salud mental y emocional.

Como contraparte están quienes viven con “mentalidad de pobre”, aquellas personas que dicen: “pobre de mí, por esto que me pasa”, “soy pobre y no tengo opciones”, quienes sienten lastima de la vida que les tocó, o las versiones más actuales en nuestras generaciones, aquellos que exigen: “hágame”, “dígame cómo hacerlo porque yo no sé”, quienes efectúan berrinches porque la cosas no se dicen o se hacen como lo pretenden. En otras palabras, todos estos terminan depositando en los demás la responsabilidad de sí mismos, de modo que, según pretenden, todos son culpables menos ellos o ellas.

Ese tipo de mentalidad se vuelve limitante en el crecimiento y desarrollo personal. Equivocarse, cuestionarse a sí mismo, sentir frustración o temor ante lo desconocido o las cosas inesperadas de la vida es sano, quizá no grato el 100% del tiempo, pero sí necesario. De lo contrario, pasa lo que se va volviendo más común hoy en día, pues percibimos una desensibilización e incapacidad de darnos cuenta de lo que necesitamos corregir en nuestras vidas, lo que repercute sobre el entorno más cercano.

Pero quizá la pero actitud se refleje en que, cada vez con más frecuencia, al momento de educar a los hijos para la vida, no se les permite equivocarse, no se les deja perder, se tiene la creencia de que, como son "tan especiales", tienen el permiso de no atender las necesidades o las órdenes de los mayores. Y, en el caso de los adultos, usted actúa con una visión de "pobrecito" cada vez que se deja manipular por ese amigo o conocido que le pide dinero pero nunca le paga, e incluso cada vez le pide más y más y nunca parece ordenarse, o ese compañero o compañera de curso que quiere que usted ponga su nombre de gratis en un trabajo o proyecto.

Al final el problema es de ambos, porque los dos tienen una mentalidad de pobrecito, el que manipula para no mover sus recursos porque cree que es a otro al que le toca resolverle la vida y no a sí mismo, y el que termina cayendo en el juego de cumplir con las expectativas del pobrecito, porque quiere salvarlo o lo considera incapaz. No es que esté mal ayudar a los demás o apoyar a sus hijos en positivo, el grave problema se produce cuando cruza la línea y se cree la mentira de que la otra persona no es capaz o no puede porque es “pobrecito”.

Los problemas y el dolor forman parte de la vida. Enséñeles a sus hijos a caerse y levantarse solitos y, si ocupan ayuda o llorar, pues deles espacio para que lo hagan, pero si no bríndeles la posibilidad de crecer y sacudirse el polvo de la caída y, si quiere a un amigo y sabe que vive con esta mentalidad, dele su apoyo, no lo juzgue, ayúdele, pero parcialmente, para que pueda mover sus recursos y crecer con las batallas de la vida.



Noticias relacionadas

VEA MÁS



Comentarios

COMENTAR