Lunes 16 de Setiembre, 2019

Costa Rica y el Bicentenario Democrático

04 de marzo, 2019

Luis Fernando Allen Forbes

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La democracia es la piedra angular de la sociedad costarricense y, por lo tanto, su fortalecimiento y promoción de la buena gobernabilidad es una de sus principales tareas, para garantizar la paz, la seguridad, el desarrollo y la sostenibilidad de esta.

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No obstante, tenemos una democracia agotada, un establishment más preocupado por sus negocios que por el bienestar del país, que intentó apuntalarla sin bases sólidas, en un marco constitucional indudablemente neoliberal que ha apostado por la desigualdad y la exclusión.

Costa Rica debe recuperar su memoria colectiva, reconstruir el vínculo social y el espacio de lo común. Cada vez es más urgente un proceso participativo que, desde abajo, logre construir nuevas bases de entendimiento, convivencia y solidaridad. Un proceso que se traduzca en una nueva asamblea constituyente que redefina las reglas del juego, que reedite el pacto social y edifique una democracia profunda y de avanzada, basada en la transparencia.

El sistema político costarricense está atrofiado y no merece celebrar un Bicentenario de su independencia con tanta corrupción e impunidad. Es tiempo de implicarse y pasar a la acción: participar, protestar, y construir alternativas para lograr que se vayan todos los corruptos.

Los desafíos que enfrenta el gobierno están plagados de complicaciones cada vez más complejos como lo son;  el narcotráfico,  el crecimiento de la delincuencia organizada que sin pausa somete a más regiones, la agudización de la pobreza y la desigualdad, el quebranto fiscal y las dificultades de una economía que no despega.

En el tema de valores que durante los casi doscientos años han nutrido al imaginario de la nación no han cambiado. Por consiguiente, el intento fallido de hacer de ellos un componente efectivo de nuestra vida nacional significa el fracaso fundamental inexcusable para la consolidación democrática.

El reto del Bicentenario es pensar y construir un país democrático, integrado, con justicia social. Una nación que admita ciudadanías plurales plenas, garantes de los derechos de todos(-as) en el camino de la integración.

El Bicentenario involucra una decisiva participación no solo en la gestión del desarrollo, mediante la inversión en actividades productivas, infraestructura y servicios, sino también en la formulación de la política de desarrollo, mediante procesos de participación y mecanismos de concertación.

Por último, la vigencia de los derechos fundamentales y la dignidad de las personas es el fin supremo de la sociedad y constituye el paradigma de las sociedades modernas. Democracias representativas y participativas, con sociedades abiertas, flexibles y transparentes, en las que el poder se ejerce mediante un sistema de partidos basado en la pluralidad y la alternancia, y en las que existe una aplicación plena del sufragio universal y una participación y fiscalización permanente de la sociedad civil.

 


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