Viernes 19 de Julio, 2019

Investigación confirma “juegos sexuales” del padre Víquez

Krissia Morris09 de marzo, 2019 | 01:01 PM

“Existen suficientes indicios para determinar que sí se dieron juegos sexuales propiciados y realizados por el acusado, como él mismo sostiene, cuando se refiere a los espacios y tiempos de aseo e higiene personal con jóvenes que se hospedaban en la casa cural de Patarrá”. Esta es una de las observaciones desprendidas del proceso penal administrativo, seguido por el Tribunal Eclesiástico de Costa Rica, contra el presbítero Mauricio Víquez Lizano.

DIARIO EXTRA tiene copia del expediente que abrió el Tribunal Eclesiástico de Costa Rica contra el padre Víquez, producto del proceso penal administrativo que se siguió en su contra por las múltiples denuncias de abusos sexuales cometidos contra menores de edad, durante su ejercicio sacerdotal.

El expediente es bajo el número de referencia REF:CDF. PROT.560/2018-67056, y el encargado del proceso instructor de la causa fue el presbítero Luis Fernando Rodríguez Rodríguez, quien recibió a víctimas, testigos y al acusado para la investigación encomendada. Los hechos denunciados ocurrieron en las parroquias Nuestra Señora del Pilar en Tres Ríos y San Juan Bautista, en Patarrá, donde el sacerdote era el párroco.

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Las víctimas eran monaguillos con edades entre 12 y 17 años.

“Además, los menores de edad pasaban largas horas en la casa cural y en reiteradas ocasiones se quedaban a dormir en la misma (…) en dicho recinto se dan cosas que las víctimas no pueden olvidar: primero, comienzan los toqueteos de genitales entre Víquez Lizano y sus víctimas, esto terminaba con frecuencia en masturbaciones entre ellos. (…) Además, los motivaba a la masturbación individual o colectiva, incluso de unos a otros, con el uso de pornografía que él poseía o que hacía que fuera a buscar uno de los jóvenes quien tenía conocidos en un video club que le facilitaba el material sin ser mayor de edad”, se desprende del documento del proceso penal administrativo y que hacía ver a las víctimas que eso era normal.

6 ABUSOS SEXUALES

Para el órgano instructor quedó probado que el padre Víquez abusó sexualmente de 6 personas que eran menores de edad apedillados Rodríguez Solera, Venegas Abarca, Bonilla Cortés, Chaves Sánchez, Alvarado Quirós y Muñoz Quirós.

“Es comprobable a través de las actas cuyo compendio está conformado por la denuncia de varios jóvenes (todos varones y menores de edad al momento de los hechos) que los argumentos expuestos tienen concordancia entre ellos y no dan la impresión de ser historias ensayadas con premeditación como afirma el acusado”, se desprende de las observaciones de la instancia instructora.

Entre los calificativos desprendidos del documento para referirse a Víquez se encuentran reo, delincuente y agresor.

El 25 de febrero anterior, las autoridades arzobispales de San José anunciaron que, debido a las investigaciones realizadas dentro del marco del Derecho Canónico, se anunciaba la expulsión del padre Mauricio Víquez Lizano del estado clerical, es decir, que ya no puede ser más sacerdote, debido a que los delitos cometidos son muy graves.

 “No puede sostenerse que todos los jóvenes objeto de abuso hayan sufrido penetración por parte del demandado; no obstante sí se puede sostener que lo intentó con varios de ellos, siendo evidente que existe una notoria tendencia patológica del reverendo Víquez Lizano a buscar en las asignaciones pastorales contactos abusivos con varones en edades de pubertad y adolescencia, con lo cual queda más  que claro que el sacerdote en cuestión no es idóneo para el servicio pastoral”, se desprende del documento.

MOSTRABA INTERÉS
Y CONFIANZA

De la investigación realizada, producto de las declaraciones de los entrevistados, la parte indagadora pudo constatar que el padre Víquez Lizano mostraba interés por los menores de edad, cuyas familias, en ese momento, atravesaban problemas económicos, disfuncionalidad o vivían en zonas marginales.

Para ganarse la confianza de las víctimas el sacerdote los invitaba a comer, para lo cual los llevaba en carros a algún restaurante de comida rápida, improvisaba paseos, les daba regalos o les facilitaba dinero, con lo cual, los envolvió “en su tejido ‘espiritual-solidario’ de ayudas y muestras de afecto que lamentablemente llegaron a la comisión de actos deshonestos”

“Por lo general, mientras iban a algún lado en su vehículo, aprovechaba para comenzar a tocarlos, empezando por sus manos, para culminar con toqueteos de genitales. Los adolescentes, una vez que estaban ligados afectivamente a Mauricio, se volvían incapaces de salir del círculo de aquellos que se habían vuelto dependientes del abusador, movidos por el cariño o por el interés que tenían de seguir recibiendo los ‘beneficios’ que él les brindaba”, se menciona en el documento.

Las conductas identificadas por la investigación eclesiástica, a criterio de la instancia instructora, fueron tipificadas como conductas delictivas que ameritaban una sanción.

“Se trata de un caso de efebofilia, trastorno definido por los expertos como la atracción erótica de un adulto hacia pubescentes y el uso de ellos para gratificación sexual y demostración de su capacidad para dominar. El sacerdote Víquez Lizano es un hombre talentoso y de grandes habilidades sociales, posee un alto coeficiente intelectual.  Sin embargo, es claro y evidente que sus habilidades profesionales y pastorales han sido puestas al servicio de su líbido y su beneficio personal. Se niega a reconocer sus graves acciones de carácter sexual, acusando repetidas veces que todo se trata de complot en contra suya y que el único interés de algunos de los acusadores es extorsionar”, se menciona en el texto.

Además de los abusos sexuales, al presbítero se le achaca la autoría del delito de uso de bienes de propiedad eclesiástica (la casa cural) para albergar en ella a jóvenes por tiempos prolongados, así como “autoría en la comisión del pecado externo con escándalo contra el Sexto Mandamiento del Decálogo consistente en grave violación de la castidad perfecta y perpetua”.

Ante los hechos, se impuso al padre Mauricio Víquez Lizano, sacerdote de la Arquidiócesis de San José “pena perpetua y expiatoria de expulsión del estado clerical”.

Se trató de entrevistar al padre Víquez, pero no fue posible ubicarlo en los números celulares registrados a su nombre.



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Comentarios

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ABQ (09/03/2019)

Cuantos sabian de esto y no denunciaron. Cuantos mas estan viviendo lo mismo o cosas peores en sus iglesias y casas curales. Alejarse de la iglesia, sus curas y actividades pastorales es muy sano, esta bestia esta herida de muerte, agoniza y muchos lo saben ya.