Viernes 22 de Marzo, 2019

Cuarenta días para renovarse

11 de marzo, 2019

Delia E. Villalobos Álvarez

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La semana anterior los católicos, con mucha fe, iniciaron el tiempo de cuaresma con la misa del miércoles de ceniza, un periodo de cuarenta días en que se recuerda la pasión, muerte y resurrección de Jesús.

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En esa celebración de la Eucaristía destaca la cruz de ceniza que marca la frente de cada persona para recordar que “somos polvo y en polvo nos convertiremos” y que debemos arrepentirnos y creer en el Evangelio”.

Esas palabras nos impactan porque nos recuerdan que con frecuencia nos apartamos del camino y perdemos la perspectiva cristiana de que todos somos iguales, que tenemos derechos y que las diferencias odiosas las construimos y las aplicamos en la sociedad.

Dejamos olvidado el verdadero valor de la vida que se nos ha dado, nos dedicamos, a pensar en nosotros, a desvalorizar lo diferente. Menospreciamos, ignoramos, apreciamos la riqueza, los bienes, la vida cómoda y tanto que nos aleja de la convivencia con los demás.

Jesús vivió su pasión desagarrado, abandonado, insultado; fue condenado a muerte para darnos perdón y salvarnos, pero con facilidad dejamos de lado tanto que nos da, olvidamos a los otros, incluso a nuestra propia familia.

Dios no quiere que vivamos de apariencia ni exhibiendo que somos mejores cristianos que otros, él enseña que la aceptación, la solidaridad, el amor y el perdón deben ser inmensos.

El Papa Francisco enfatizó en que “los bienes son pasajeros, el poder pasa, el éxito termina” y rechazó “la cultura de la apariencia” que actualmente domina las sociedades y las lleva a vivir “un gran engaño”.

La ceniza que llevamos ese día en la frente, tiene sentido litúrgico pues se produce de las hojas de palma bendita que quedaron del Domingo de Ramos y que al quemarlas se convierten en un polvo que se mezcla con aceite de crisma o con agua.

Según Stice se trata de recordar la Cuaresma, el sufrimiento y la resurrección de Cristo. Las cenizas han sido por mucho tiempo un símbolo de arrepentimiento y conversión, incluso en el Antiguo Testamento.

La Cuaresma es un periodo que invita a la reflexión, a la manera en que vamos caminado la vida, lo que caracteriza la convivencia que tenemos con los demás, lo que tenemos como centro de nuestra existencia, lo que valoramos y lo que dejamos de valorar.

Francisco invita con su estilo particular a no caer en el consumismo ni en las trampas del egoísmo que nos aleja de la sensibilidad y de la solidaridad que debemos llevar por el camino.

Señaló que esas debilidades mundanas no aportan realización, pero si insatisfacción, dolor, enfermedad.    Hoy es Miércoles de Ceniza y marca inicio de la Cuaresma.

El Papa Francisco aconseja abandonar esas actitudes para redimirnos de la “esclavitud de las cosas”, de lo mundano “que anestesia el corazón”, invita a vivir con lo sustantivo “la caridad con el prójimo”.

Este hombre sencillo pero claro y certero con la palabra advierte que necesitamos encaminarnos a vivir en paz, a encontrarnos con quienes compartimos.

A renovar el amor por la familia, por los parientes, por las personas que están solas o viven situaciones de violencia, rechazo, soledad, hambre, enfermedad y mucho más.

Observar las iglesias repletas de personas que querían recordar que somos polvo y en polvo nos convertiremos, nos regaló esperanza, fe, motivación para vivir este tiempo de Cuaresma, retomar fuerza para comprender que mucho se puede recobrar, cambiar y retomar.



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