Martes 21 de Mayo, 2019

Globalizar la solidaridad

13 de marzo, 2019

Juan Luis Mendoza

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Esa solidaridad, que se identifica con la unidad, tema que ya traté en esta serie, incluye por lo mismo el partir de que somos todos creaturas e hijos de Dios, es decir, hermanos unos de otros. Y de ahí el globalizar la solidaridad, y no lo contrario como lamentablemente aún ocurre: disensiones en las familias y en la sociedad en general, violencias hasta ocasionar heridos y muertos, egoísmos, ambiciones desmedidas… En fin, insolidaridad, guerra. El plan de nuestro Creador y Padre es, más bien, todo lo contrario, expuesto especialmente en el ejemplo y enseñanzas de Jesús, su Hijo y Enviado, nuestro Hermano mayor.

Lea: Vivir la Vida de Dios

La globalización es un fenómeno relativamente reciente, camino largo a seguir que nos lleve al encuentro mutuo entre los hermanos, solidarios y serviciales, respetuosos y amigables en el convivir en la misma casa, la Madre-Tierra. En caso contrario, y como lo advierte el Padre Cándido Martín, “si solos caminamos, aunque sea en clanes o tribus o pueblos y naciones, pero separados y encerrados en nuestras fronteras, encerrados en nuestros 'solos' intereses, en nuestras ideas o fundamentalismos, hacia la propia destrucción es que vamos”.

En ese sentido, la globalización es un fenómeno imparable, y esperemos que para bien, y solo para bien. Nuestro mundo se nos hace cada día más pequeño, más cercano, y para sentirnos que somos, que valemos, hay que tomar conciencia de la Unidad grande la Humanidad entera, a las que estamos invitados a participar de manera consciente y responsable, solidaria y gozosa, más allá de nuestras individualidades y características propias. Ver que cada día nos necesitamos los unos a los otros y proceder en consecuencia. Se trata de aplicar en la práctica la globalización bien entendida.

Estamos en los comienzos, y es comprensible que surjan dificultades, y entre ellas principalmente la lentitud. “Se hace camino al andar”, “Piano, piano, si va lontano”, “En el camino se arregla la albarda”… Dichos que indican que hay que tener paciencia mientras no se deja de andar en dirección a la meta común: la unión, la solidaridad, el amor entre todos los habitantes del planeta Tierra, nuestro hábitat grande y bello para que lo gocemos todos juntos y como hermanos, y no extraños y hasta enemigos.

Cito de nuevo al Padre Cándido Martín: “Con todo, yo sigo pensando que lo importante ha sido principiar. Y que lo otro, lo del arreglo de los “pasajes”, vendrá –así lo esperamos todos- sin violencias de ningún género, desde un sentido comunitario, fraternal y solidario en el que nadie se sienta maltratado, ni nadie quiera sentirse seguro humillando a su hermano. La solidaridad no puede brotar ni puede crecer en ambientes hostiles, en situaciones violentas”.

La globalización tiene sus pros y sus contras. Y lógicamente y por lo mismo sus partidarios y sus opositores. En todo caso, el proceso está en marcha, y es imparable. En consecuencia, lo importante no es destruir el plan sino hacerlo más aceptable y humano en favor de todos pero especialmente de los más necesitados. Porque no se trata de que por la globalización nos igualemos siendo pobres todos –un comunismo mal entendido- sino de que participemos más por igual en el disfrute de los bienes que han de alcanzar para todos como en los primeros tiempos de cristianismo en los que los paganos decían de los seguidores de Cristo: “Mirad cómo se aman”.

Concluyo la serie, Dios mediante, en un próximo escrito.



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