Domingo 19 de Mayo, 2019

La irrealidad de las redes sociales

15 de marzo, 2019

Fernanda Coblentz

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Hace poco, mis amigas y yo estábamos viendo a una de estas “influencers” medio reconocida y nos reíamos de que la persona tenía posts en donde enseñaba los zapatos de su hijo y cómo su mayor problema era que ya no le quedaban dichos zapatos exageradamente caros. Y otro en donde tenía que salirse de la ducha porque su hijo lloró.

Lea: Cuando nada es suficiente

Digamos, ¿en serio? ¿En serio usted tiene un post en donde su mayor problema en la vida es salirse de la ducha y que le lleguen a tomar una foto con el pelo perfectamente peinado y el maquillaje intacto? Y así otras en donde enseñan muy orgullosas su pezón y cómo pueden amamantar perfectamente, mientras una, nueve años después, todavía se siente pésimo por no haber podido dar de mamar.

No es un secreto, hay estudios que comprueban la existencia de una relación entre el uso de las redes sociales y la depresión. Creo que todas hemos visto, a través de estas mismas redes, el montón de páginas, no tan confiables, que hablan al respecto, pero sí hay estudios que lo comprueban.

Podría asegurar que todas nos hemos levantado, nos hemos quedado un ratito en la cama, hemos abierto Instagram o Facebook y es ahí donde recibimos este bombardeo de perfección. Entonces, me doy cuenta que tengo un problema serio con las dichas influencers, específicamente me chocan las que son mamás y se muestran perfectas. Las odio y las envidio desde lo más profundo de mi ser, me hacen sentirme súper insatisfecha con mi vida, me empiezo a cuestionar aún más mi estilo de crianza.

Las personas normales probablemente nada más leen, toman los consejos de perfección y las admiran, pero acá hay que aclarar que yo soy una millenial de 26 años con un hijo de 9 que vive con sus papás, ansiosa, con un pasado de depresión y que además está rayando en la linea de la locura, básicamente la fotografía de la famosa generación que se pasea en todo. Entonces no, yo NO puedo ser de esas que leen y nada más dicen wow y siguen el consejo sin pensar “ah, mirá otra cosa que hago mal”.

Pero lo que me molesta todavía más es pensar que pronto mi hijo va a ser bombardeado con esa irrealidad que se muestra en RRSS y que va a empezar a anhelar cosas que probablemente no se imagina que necesita, porque a una verdaderamente la convencen de que con ese lipstick se le arregla la vida porque no tiene que sacar un minuto para retocárselo, porque aparentemente esos son los problemas serios de ellas.

Sé que no hay absolutamente nada que yo pueda hacer al respecto más que guiar al enano en esta era tecnológica y explicarle que obviamente uno no va a enseñar en Instagram que pasó llorando todo un día pero amaría que las redes sociales se usen más como una muestra honesta de la realidad de las personas y no como un álbum de momentos perfectos inalcanzables para los mortales.

Ahora pueden irse a mi Instagram y ver lo hipócrita que soy, porque tengo un álbum de momentos perfectos con mi hijo y mis allegados, pero verdaderamente estoy intentando mostrar más realidad y menos perfección, el problema es que Ale se enoja cuando lo grabo haciendo berrinches.



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