Domingo 21 de Abril, 2019

Algunas reflexiones a propósito del cambio de mando en la Asamblea Legislativa el 1 de mayo

11 de abril, 2019

Sergio Araya Alvarado / Politólogo

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El 1 de mayo, en Costa Rica se celebra algo más que el Día Internacional del Trabajador.

Lea: Papel de los partidos políticos en la potenciación del régimen municipal

Criticado por unos, avalado por otros, lo cierto es que ese primer día del quinto mes de cada año, el país observa un calentamiento de la dinámica electoral formalmente reproducida cada dos años. Es el momento en que la lógica subyacente a la praxis existente alrededor de esa dimensión específica de lo político, adquiere nuevamente centralidad en el quehacer de los actores políticos, sus principales sostenedores.

Ese día en la Asamblea Legislativa se procede a la elección del llamado Directorio Legislativo, responsable de la conducción del gobierno del Parlamento. Su mandato se circunscribe a un año, iniciado el 1 de mayo y concluido el 30 de abril del año inmediatamente posterior.

Adicionalmente cada dos años, se complementa con la elección del homónimo a escala local, específicamente en los Concejos Municipales, entes directivos de carácter colegiado, integrados por actores provenientes de partidos políticos, bajo un criterio de representación proporcional, emulando el modelo parlamentario a escala nacional.

Hasta hace dos años se agregaba un elemento más: el conocimiento del Informe del Estado Político de la Nación, a cargo del titular del Poder Ejecutivo, acto realizado en horas de la tarde ante el Pleno de la Asamblea y con la presencia del Gabinete presidencial e invitados especiales, entre ellos: los jerarcas de los otros Supremos Poderes; miembros del Cuerpo Diplomático acreditado en el país; representación de la Jerarquía de la Iglesia Católica y cabezas de órganos auxiliares del Parlamento, como lo son la Contraloría General de la República y la Defensoría de los Habitantes.

Por reforma al Reglamento Legislativo, este último acto anual se trasladó para el día 2 de mayo, tal y como viene ocurriendo a partir de 2016.

Sobre el Directorio Legislativo, huelga señalar que es práctica en otros países integrar un órgano de gobierno interno por una única vez para la totalidad del mandato constitucional del Parlamento.

En España por ejemplo la Cámara de Diputados es dirigida por una Mesa conformada por un Presidente, cuatro Vicepresidentes y cuatro Secretarios y su periodo es coincidente con aquella.

Otros adoptan el estilo costarricense y renuevan su gobierno interno cada año.

Es el caso del Congreso mexicano. Tanto su Cámara de Diputados como el Senado conforman una mesa directiva integrada por un Presidente y tres Vicepresidentes. Varían únicamente en lo tocante a la figura del Secretario. En el caso de la Cámara, cada grupo parlamentario tiene la potestad de designar un Secretario, poseyendo además la posibilidad de no hacerlo; en el Senado, se eligen  cuatro Secretarios, electos por mayoría absoluta de los senadores presentes.

En Panamá  la Directiva de la Asamblea Nacional  estará  compuesta  por  un  Presidente  o  Presidenta,  un Primer  Vicepresidente  o  Primera  Vicepresidenta  y  un  Segundo Vicepresidente o Segunda Vicepresidenta, electos anualmente y con la posibilidad de ser reelectos por una única vez.

En Estados Unidos de América, considerada una de las democracias más consolidadas del orbe, se da una vinculación del Ejecutivo Federal con la rama legislativa al otorgar la Constitución Política al Vicepresidente del país,  la responsabilidad de ser el Presidente del Senado, una de las dos instancias en que se expresa el Poder Legislativo estadounidense.

En la práctica, el vicepresidente preside el Senado solamente durante ceremonias importantes o para depositar su voto en caso de empate. El presidente interino del Senado, generalmente el miembro principal del partido de la mayoría, es elegido por el Senado y preside las gestiones diarias de dicha cámara.

En el caso de la llamada Cámara de Representantes, es liderada por un Presidente (en inglés: Speaker of the United States House of Representatives) elegido por los miembros del partido político con mayoría de escaños en la Cámara. El cargo comporta además un peso político muy fuerte al ser el segundo lugar en la línea de sucesión presidencial, inmediatamente después del vicepresidente. Se renueva cada dos años, coincidiendo con la elección de nuevos congresistas que potencialmente puede comportar una nueva correlación de fuerzas al interior de la cámara.

En definitiva, de la breve ojeada efectuada a distintos parlamentos en torno a este tema, puede notarse que no existe una fórmula única, ni tampoco a priori una opción superior al resto. En su lugar se puede concluir que la forma en que cada órgano legislativo ha definido su modelo de gobierno interno, responde a características específicas de orden político y social.

Por la dinámica observada en la realidad del país, donde en los meses previos a cada 1 de mayo, la importancia adquirida por el tema de la renovación del Directorio asume un valor central, tanto a nivel de la lógica de operación del propio órgano, como desde la dimensión mediática, donde se torna en hito que acapara la mayor parte de la cobertura efectuada por los medios de comunicación, parece razonable reflexionar sobre la conveniencia de mantener el modelo vigente o reformarlo con el propósito de minimizar los efectos considerados negativos que le vienen aparejados.

Ello supone el desafío de comportar la voluntad política requerida y que tendría que provenir de la condensación de una visión de largo aliento, caracterizado por un compromiso de las élites políticas con un rediseño del Estado democrático capaz de garantizarle sostenibilidad y robustez y una lectura de corto plazo, dominada por intereses provenientes de grupos de poder expresados por los congresistas en cada periodo constitucional de gobierno.

La pregunta es: ¿ha llegado el momento para dar inicio a una reflexión en torno a este tema? 



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